-Nos encargaremos que el Presidente se olvide de llamar. Sin embargo, lo
llamará mañana a la noche- dijo el hombrecito- Sea tan amable de responder
inmediatamente al Sr. Fudge.

-Yo... eh... muy bien- dijo el Primer Ministro débilmente -Si, veré a Fudge.

Volvió deprisa a su escritorio, enderezándose su corbata. Cuando apenas
había llegado a su asiento, y adoptado una expresión que esperaba que fuera
relajada y despreocupada, llamas verdes cobraron vida en la chimenea vacía bajo
su estante de mármol. Observó, tratando de no delatar un destello de sorpresa o
alarma, al tiempo que aparecía un hombre corpulento girando tan rápido de las
llamas como un trompo. Segundos después, salía a una fina alfombra antigua,
sacudiéndose las cenizas de los puños de su capa larga rayada con su sombrero en
forma de hongo color verde lima en su mano.

-Ah... Primer Ministro, -dijo Cornelius Fudge, avanzando hacia él con su
mano extendida. -Es un placer verlo de nuevo.

El Primer Ministro no podía devolverle el cumplido honestamente, así que
no dijo nada. No estaba ni remotamente contento de ver a Fudge, cuyas
apariciones ocasionales, aparte de ser totalmente alarmantes en si mismas,
generalmente significaban que estaba a punto de oír noticias muy malas. Además,
Fudge se veía claramente preocupado. Estaba más flaco, más calvo y grisáceo, y su
cara tenía un aspecto demacrado. El Primer Ministro había visto esa clase de
aspecto en políticos anteriormente, y nunca auguraba nada bueno.

-¿En que puedo ayudarlo? ­dijo, estrechando muy brevemente la mano de
Fudge y yendo hacia la mas dura de las sillas delante del escritorio.

-Es difícil saber por donde empezar, -dijo Fudge en voz baja, corriendo la
silla, sentándose, y poniendo su sombrero de hongo verde en sus rodillas -. Qué
semana... qué semana...

-También tuvo una muy mala, ¿verdad? ­preguntó el Primer Ministro con
dificultad, esperando sugerir con eso que tuvo suficiente sin ninguna ayuda extra
de Fudge.

-Si, por supuesto -dijo Fudge, frotándose sus ojos cansinamente y mirando
irritado al Primer Ministro. ­Tuve la misma semana que usted tuvo, Primer
Ministro. El puente Brockdale... Los asesinatos de Bones y Vance... sin mencionar
la conmoción en el oeste del país.




Harry Potter y el Misterio del Príncipe 4

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