desaparecido al ver aproximarse a la profesora Vector, murmurando algo sobre un
error que había cometido en su último ensayo de Aritmancia. Más que por hábito
que por otra cosa, Harry hizo el habitual recorrido por el pasillo del séptimo piso
revisando el Mapa del Merodeador mientras caminaba. No pudo encontrar a
Malfoy por ningún lado por lo que asumió que estaría dentro del cuarto de los
menesteres otra vez, cuando de repente pudo ver la pequeña etiqueta con su
nombre en un baño de chicos que estaba un piso debajo y acompañado, no por
Crabble o Goyle, sino por Myrtle la llorona.

Harry se quedó observando esta inusual pareja que no se percató de que iba
derecho hacia una armadura. El tremendo ruido que hizo ésta al caerse lo hizo
volver a la realidad; huyó de la escena a toda prisa antes de que Filch hiciera su
aparición, bajó las escaleras de mármol a toda carrera y siguó por el pasillo que se
abría ahí. Fuera del baño, puso su oreja contra la puerta esperando oír algo.
Completo silencio. Abrió la puerta con sumo cuidado, tratando de no hacer ruido.

Draco Malfoy estaba parado de espaladas a la puerta, con sus manos se
apoyaba en un lavabo y tenía su rubia cabeza inclinada.

-Ya, ya... -canturreaba la voz de Myrtle la llorona desde uno de los cubículos. ­
Ya, ya... cuéntame... ¿qué te pasa?... Quizá pueda ayudarte...

-Nadie puede ayudarme. ­dijo Malfoy. Estaba temblando de pies a cabeza. ­No
puedo hacerlo... no puedo... no sirvo para eso... y si no lo hago pronto... dijo que
me mataría...

Y entonces Harry se dio cuenta, con una impresión tan grande que parecía
haberse quedado pegado al suelo, que Malfoy estaba llorando... llorando de
verdad. Las lágrimas recorrían su pálido rostro y caían en el mugriento lavamanos.
Malfoy jadeó y tosió, y entonces, con un gran estremecimiento, levantó la cabeza y
a través del espejo resquebrajado, miró a Harry observándolo sobre su hombro.

Malfoy se dio la vuelta con rapidez, levantando su varita. Instintivamente
Harry sacó la suya. El embrujo que Malfoy arrojó a Harry falló por centímetros,
haciendo añicos la lámpara que estaba en el muro junto a él. Arrojándose al suelo,
Harry pensó "¡Levicorpus!" y agitó su varita, pero Malfoy logró esquivarlo y
levantó su propia varita para arrojarle otro maleficio...

-¡No! ¡No! ¡Deténganse! ­chilló Myrtle la llorona, su voz hacia eco en el cuarto
de baño. -¡Alto! ¡PAREN YA!




Harry Potter y el Misterio del Príncipe 428

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