Harry pensó en privado que lo que a Aragog le hubiera gustado más sobre
Slughorn era la cantidad abundante de carne comestible que proporcionaría, pero
solo se movió a la ventana trasera de la cabaña de Hagrid, donde vio la horrible
imagen de la enorme araña muerta echada afuera, sus patas enroscadas y
enredadas.
-Solo mas allá de la parcela de calabaza, creo- dijo Hagrid en una voz atorada.
Ya cavé la...tu sabes... tumba. Solo pensé en decir algunas palabras lindas sobre
él... recuerdos felices, tú sabes...
Su voz tembló y se le fué. Hubo un golpe en la puerta se volteó y abrió,
sonándose la nariz en su gran pañuelo mientras lo hacía. Slughorn se apresuró por
el umbral, varias botellas en sus brazos y con una sombría corbata negra.
-Hagrid- dijo en una voz profunda y gruesa. Siento tu pérdida.
-Eso es muy amable de su parte - dijo Hagrid - Muchas gracias. Y gracias por no
castigar a Harry.
-Nunca lo hubiera ni soñado- dijo Slughorn.- Triste noche, triste noche...
¿Dónde esta la pobre criatura?
-Allá afuera - dijo Hagrid con una voz temblorosa. ¿podemos...podemos
hacerlo, entonces?
Los tres salieron al jardín oscuro. La luna estaba brillando pálidamente por los
árboles y sus rayos se mezclaban con la luz saliendo de la ventana de Hagrid para
iluminar el cuerpo de Aragog echado en el borde del gran hoyo al lado de la pila
de diez pies de tierra que acababa de ser cavada.
-Magnificente- dijo Slughorn acercándose a la araña donde ocho ojos lechosos
miraban sin expresión al cielo y dos tenazas gigantes brillaron sin movimiento a la
luz de la luna. Harry pensó oir el tintinear de las botellas mientras Slughorn se
inclinó sobre las tenazas, aparentemente examinando la enorme cabeza peluda.
-No todo el mundo aprecia lo hermosas que son- le dijo Hagrid a la espalda de
Slughorn con lágrimas cayendo de las esquinas de sus ojos- No sabía que le
interesaban las criaturas como Aragog, Horace.
-¿Interesado? Mi querido Hagrid, las reverencío - dijo Slughorn, alejándose del
cuerpo.
Harry Potter y el Misterio del Príncipe 398
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