-Miren,- Hagrid torció su ballesta fuertemente entre sus manos, hubo un fuerte
ruido y luego partió en dos la ballesta.-Ya se lo que piensan acerca de Snape, Harry
y no quiero que vean cosas donde no las hay.-
-¡Cuidado!- dijo Hermione secamente.
Voltearon justo en el momento para ver la sombra de Argus Filch que se
proyectaba en el muro detrás de ellos antes de que el hombre girara en la esquina,
jorobado y con las quijadas apretadas.
-¡Oho!- dijo resoplando. -Fuera de la cama tan tarde, ¡esto ameritará detención!-
-No, no, Filch,- dijo Hagrid, -Ellos ¿están conmigo no?-
-¿Y qué?-, pregunto Filch detestablemente.
-¡Soy un profesor, Squib entrometido!", dijo Hagrid enérgicamente.
Hubo un desagradable siseo, mientras que Filch se hinchaba de furia, la Sra.
Norris había llegado sin ser vista y estaba ronroneando y moviéndose
sinuosamente alrdedor de los huesudos tobillos de Filch.
-Váyanse,- dijo Hagrid por la coyuntura de la boca.
No hubo necesidad de repetírselo a Harry, él y Hermione se apresuraron a
desaparecer, mientras que Hagrid y Filch habían comenzado a levantar la voz,
cuyo eco seguía a Harry y Hermione mientras seguían corriendo. Pasaron cerca de
Peeves, por la torre de Gryfinndor, pero Harry estaba contento de escuchar la
fuente de los gritos y las llamadas.
Cuando hay peleas y problemas
Llama a Peeves, él los hará el doble.
La señora gorda estaba roncando y no muy contenta por haber sido despertada,
pero les permitió trepar al acogedor y pacifico salón común. Parecía que nadie
sabía lo de Ron, cosa que alivió a Harry, ya que ya había sido interrogado
suficientemente ese día. Hermione le deseó buenas noches y se dirigió hacia el
dormitorio de las chicas, Harry sin embargo se quedó, tomó asiento a un lado del
fuego y miró a las llamas que sucumbían.
Harry Potter y el Misterio del Príncipe 338
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