Ella se paró adelante por lo que estaba por arriba de ellos, y puso la punta
de su varita sobre sus dos manos unidas.

Narcissa habló.

-Severus, ¿Vas a vigilar a mi hijo, Draco, mientras está cumpliendo los
deseos del Señor Oscuro?

-Lo haré - dijo Snape.

Una fina lengua de llama brillante salió de la varita y ató alrededor de sus
manos una especie de cuerda roja caliente.

-¿Y vas a protegerlo del dolor, con tu mejor destreza?

-Lo haré,- dijo Snape.

Una segunda lengua de llamas se disparó de la varita y entrecruzó con la
primera, haciendo una cuerda más brillante.

-Y, si necesariamente... si Draco fallase...- susurró Narcissa (la mano de
Snape se movió ligeramente dentro de la de ella, pero no se separó) -¿Llevarías a
cabo la acción que el Señor Oscuro le ordenó a Draco que realizara?

Hubo un momento de silencio. Bellatrix miró su varita sobre sus manos, con
sus ojos muy abiertos.

-Lo haré - dijo Snape.

La cara pasmada de Bellatrix brilló con color rojizo ante una tercera llama,
que salió disparada de la varita, y se unió con las otras, y se ligó compactadamente
en las manos entrelazadas, como una cuerda, como una serpiente ardiente.




Harry Potter y el Misterio del Príncipe 31

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