-Podría ser posible... que ayude a Draco.

Ella se levantó, con su cara blanca como el papel, y sus ojos enormes.

-Severus ­ oh, Severus - ¿Lo ayudarás? ¿Lo protegerás de que nadie lo
lastime?

-Podría intentarlo.

Narcissa arrojó su vaso; éste se deslizó por la mesa, mientras ella se levantó
del sofá y se puso de rodillas a los pies de Snape, tomó sus manos, y las besó.

-Si estarás allí para protegerlo... ¿Severus, me lo juras? ¿Harás la Promesa
Inquebrantable?

-¿La Promesa Inquebrantable?

La expresión de Snape se tornó pálida, vacía. Bellatrix, sin embargo, dejó
crepitar una risa burlona.

-¿Estás escuchando, Narcissa? Oh, lo intentará, estoy segura... Las palabras
vacías usuales, los usuales deslices en acción... oh, por las órdenes del Señor
Oscuro, ¡por supuesto!- dijo burlonamente Bellatrix.

Snape no miró a Bellatrix. Sus ojos negros estaban clavados en las lágrimas
de los ojos azules de la mujer que le agarraba sus manos.

-Ciertamente, Narcissa, debo hacer la Promesa Inquebrantable - dijo Snape
tranquilamente. -Quizás tu hermana consienta en ser Testigo.

La boca de Bellatrix se abrió. Snape se bajó por lo que quedó de rodillas
frente a Narcissa. Bajo la mirada asombrada de Bellatrix, se tomaron de ambas
manos.

-Necesitarás tu varita, Bellatrix, dijo Snape fríamente.

Ella la sacó, mirando todavía consternada.

-Y necesitarás moverte más cerca - dijo él.




Harry Potter y el Misterio del Príncipe 30

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