mano agarrando un pequeño vaso de vino y la otra hurgando en una pequeña caja
de ananás cristalizadas.
Harry miró alrededor mientras Dumbledore aparecía a su lado y vio que
estaban en la oficina de Slughorn. Media docena de jóvenes estaban sentados
alrededor de Slguhorn, todos en asientos más bajos y duros que el suyo y todos en
su media adolescencia. Harry reconoció a Voldemort al instante. Su cara era la más
bonita y estaba más relajado que el resto de los muchachos. Su mano derecha
estaba despreocupada sobre el brazo de su silla, con un estremecimiento, Harry vio
que estaba usando el anillo dorado y negro de Sorvolo, ya había asesinado a su
padre.
-Señor, ¿Es verdad que el profesor Merrythought se retirará?- preguntó.
-Tom, Tom, si lo supiera no te lo podría decir,- dijo Slughorn, sacudiendo un
reprobante dedo cubierto de azúcar hacia Riddle, a pesar de que el efecto se
corrompía apenas por el brillo. Debo decir, me gustaría saber de donde sacas tu
información, chico, estás mejor informado que la mitad del cuerpo docente.
Riddle sonrió, los otros muchachos rieron y le dirigieron miradas admiradoras.
-Con tu extraña habilidad de saber cosas que no debes y tu cuidadosa
adulación a las personas que importan (gracias por el ananá, es evidente que estás
en lo correcto, es mi favorita)...
Mientras muchos de los chicos sonreían, algo muy extraño pasó. La sala entera
se llenó con una espesa niebla blanca, por la que Harry no veía nada más que la
cara de Dumbledore, que se hallaba tras él. La voz de Slughorn se escuchó a través
de la niebla, inusualmente fuerte, -Vas por mal sendero, muchacho, toma en cuenta
mis palabras.
La niebla se aclaró tan rápido como había aparecido y nadie hizo alusión de
ella, y nadie miró como si algo inusual hubiera pasado. Confuso, Harry miró el
reloj dorado que tenía el profesor Slguhorn sobre el escritorio y que ahora daba las
once de la noche.
-¿Ya es esta hora?- dijo Slughorn. Deberían irse chicos, o estaremos todos en
problemas. Lestrange, quiero tu ensayo para mañana o tendrás una detención. Lo
mismo para ti, Avery. -
Harry Potter y el Misterio del Príncipe 308
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