-Abre la puerta-dijo Dumbledore.

Riddle dudó, luego cruzó la habitación y abrió de golpe la puerta del
armario. En el último estante, sobre una pila de ropa gastada, una pequeña caja se
estaba agitando y chillando como si hubiera varios ratoncitos frenéticos atrapados
allí dentro.

-Sácalo- dijo Dumbledore.

Riddle bajó la caja chillarte. Se veía nervioso.


-¿Hay algo dentro de esa caja que no deberías tener?-preguntó Dumbledore.

Riddle le echó a Dumbledore una fuerte, larga y calculadora mirada

-Si, eso supongo, Señor- dijo finalmente con una voz inexpresiva.

-Ábrela-dijo Dumbledore.

Riddle le quitó la tapa y arrojó el contenido a su cama sin mirar. Harry,
quien esperaba algo más emocionante, vio un desorden de objetos comunes: un
yoyo, un dedal plateado y una desgastada armónica entre ellos. Una vez fuera de
la caja, los objetos dejaron de chillar y se qedaron quietos sobre las mantas.

-Se los devolverás a sus dueños junto con unas disculpas- dijo Dumbledore
calmado, guardando su varita nuevamente en su saco.- Me deberé enterar si lo has
hecho. Y estás advertido, robar no es tolerado en Hogwarts.

Riddle no se veia ni remotamente avergonzado, miraba fría y
desvergonzadamente a Dumbledore. Por último dijo, con voz inexpresiva:

-Sí Señor.

-En Hogwarts- prosiguió Dumbledore- enseñamos, no solamente a usar
magia, sino también a controlarla. Tú has estado, inadvertidamente estoy seguro,
usando tus poderes de una manera que no es enseñada ni tolerada en nuestro
colegio. No eres el primero, ni serás el ultimo, en dejar que la magia te controle.
Pero deberías saber que Hogwarts puede expulsar estudiantes, y que el Ministerio
de la Magia, sí, hay un Ministerio, castiga a los que quebrantan la ley aún más




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