párpados caídos y una mandíbula fuerte, no percibió la mirada fija de Snape y se
movió para estar de pie detrás de Narcissa.

-¿Pues de modo que, qué puedo hacer por ustedes?- preguntó Snape,
sentándose en el sillón frente a las dos hermanas.

-¿Estamos... solos, verdad?- preguntó Narcissa en voz baja.

-Sí, desde luego. Bueno Colagusano está aquí, pero no contamos a los roedores,
¿Verdad?- Señaló con su varita a la pared de libros detrás de él y con un golpe, una
puerta escondida se abrió, revelando una escalera estrecha sobre la cual un
pequeño hombre estaba de pie, congelado.

-Como te habrás dado cuenta, Colagusano, tenemos invitadas,- dijo Snape
perezosamente.

El hombre se arrastró, se agachó bajando los últimos escalones y entró al
cuarto. Tenía ojos pequeños, acuosos, una nariz puntiaguda, y una desagradable
sonrisa tonta. Su mano izquierda sobaba su derecha, que parecía encerrada en un
guante brillante de plata.

- ¡Narcissa!- dijo él, con una voz chirriante. -¡Y Bellatrix!- Cuánto gusto.
- Colagusano nos traerá bebidas, si lo desean,- dijo Snape. - Y luego volverá
a su dormitorio.

Colagusano se estremeció como si Snape le hubiera lanzado algo.

- ¡No soy tu criado!- chilló, evitando la mirada de Snape.
- ¿De verdad? Tenía la impresión de que el Señor Oscuro te colocó aquí para
ayudarme.
- ¡Ayudar, sí ... pero no hacer bebidas y ... y limpiar tu casa!
- No tenía idea, Colagusano, que ansiabas misiones más peligrosas,- dijo
Snape suavemente. -Eso puede arreglarse fácilmente, hablaré con el Señor
Oscuro.
-¡Puedo hablarle yo mismo si quiero!
- Desde luego que puedes,- dijo Snape, riendo. -Pero mientras tanto, tráenos
bebidas. Un poco de Vino Elfo será suficiente.

Colagusano vaciló durante un momento, mirando como si quisiera discutir,
pero entonces se dio vuelta y entró a una segunda puerta escondida. Oyeron
golpes y un tintineo de vasos. Unos segundos después estuvo de vuelta, llevando




Harry Potter y el Misterio del Príncipe 20

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