de casas de ladrillo. Por fin, Narcissa se apresuró en una calle llamada `Spinner's
End', en la cual la chimenea de molino altísima pareció cernirse como un dedo
gigantesco. Sus pasos resonaron sobre los adoquines, mientras pasaba cerca de
ventanas tapizadas y rotas, hasta que llegó a la última casa, donde una luz titilante
brillaba tenuemente a través de las cortinas en el cuarto de abajo.
Llamó a la puerta antes que Bella, quien maldecía en voz baja, hubiera
llegado. Juntas aguardaron ahí de pie, jadeando ligeramente, aspirando el olor del
río sucio que les llegó sobre la brisa de la noche. Después de unos segundos,
oyeron el movimiento detrás de la puerta y se abrió una grieta. Se podía ver la
sombra de un hombre que las miraba, un hombre con el pelo largo negro que caía
como en cortinas alrededor de una cara cetrina y ojos negros.
Narcissa se quitó su capucha. Era tan pálida que pareció brillar en la
oscuridad; el pelo largo rubio fluyendo en su espalda, le dio el aspecto de un
ahogado.
-¡Narcissa!- dijo el hombre, abriendo la puerta un poco más, de modo que la
luz cayó sobre ella y sobre su hermana también. -¡Qué sorpresa tan agradable!
-Severus,- dijo ella en un susurro cansado. -¿Puedo hablarle? Es urgente.
-Pero desde luego.
Él se apartó para permitirle que pasara a la casa. Su hermana todavía
encapuchada entró sin la invitación.
-Snape,- dijo ella de manera cortante al pasarlo.
-Bellatrix,- contestó él, en su boca delgada se dibujó una risa ligeramente
burlona, y cerró la puerta con un chasquido detrás de ellas.
Estaban avanzando directamente a una sala diminuta, que tenía el aspecto
de una celda oscura, acolchada. Las paredes estaban completamente cubiertas de
libros, la mayor parte de ellos cubiertos con un viejo cuero negro o marrón; un sofá
gastado, un viejo sillón, y una mesa desvencijada estaban de pie agrupados juntos
bajo la luz débil arrojada por una lámpara con velas que colgaba del techo. El lugar
tenía un aire de abandono, como si no estuviera habitado por lo general.
Snape le señaló el sofá a Narcissa. Ella dejó su capa, se corrió a un lado, y se
sentó, contemplando sus manos blancas y temblorosas en su regazo. Bellatrix bajó
su capucha más despacio. Morena en contraste con su hermana que era blanca, con
Harry Potter y el Misterio del Príncipe 19
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