-Esa es mi decisión final y si no se quitan del camino de los Guardianes les
tendré que echar una maldición,- bramó.
Ninguno de los golpeadores elegidos tenía el viejo resplandor de Fred y
George, pero aún así estaba razonablemente satisfecho con ellos: Jimmy Peakes, un
chico de tercer año bajito pero con el pecho ancho que se las había arreglado para
hacerle un chichón del tamaño de un huevo en la parte de atrás de la cabeza de
Harry con una Bludger golpeada ferozmente, y Ritchie Coote, que parecía
debilucho pero apuntaba bien. Se unieron a Katie, Demelza y Ginny en las tribunas
para ver la selección del último miembro del equipo.
Harry había deliberadamente dejado la prueba de los Guardianes para el final,
esperando tener un estadio más vacío y menos presión en aquellos a los que
concernía. Desgraciadamente, de cualquier forma, todos los jugadores rechazados
y un número de personas que habían bajado a mirar las pruebas después de un
largo desayuno, se habían unido a la multitud, así que era mayor que nunca. Cada
vez que un Guardián volaba a los aros, la multitud rugía y se burlaba en igual
medida. Harry echó un vistazo a Ron, quien siempre había tenido problemas con
sus nervios, éste había esperado que haber ganado su partido final el curso pasado
le hubiese curado, pero aparentemente no: Ron tenía una delicada sombra verde en
la cara.
Ninguno de los cinco primeros aspirantes pudo parar más de dos goles cada
uno. Para la decepción de Harry, Cormac McLaggen paró cuatro tiros de cinco. En
el último, sin embargo, se disparó en la dirección totalmente opuesta, la multitud
se rió y lo abucheó y McLaggen volvió al suelo apretando sus dientes.
Ron parecía listo para desmayarse mientras se subía en su Barredora 11. -
¡Buena suerte!- gritó una voz desde las gradas. Harry miró alrededor, esperando
ver a Hermione, pero era Lavender Brown. Le hubiese gustado esconder su cara en
sus manos, como ella hizo un momento después, pero pensó que como era el
capitán se debía mostrar ligeramente más valiente, así que se giró para ver la
prueba de Ron.
No debía de haberse preocupado: Ron salvó uno, dos, tres, cuatro, cinco
tiros uno tras otro. Encantado y resistiéndose a unirse a los vítores de la multitud
con dificultad, Harry se volvió a McLaggen para decirle que, desafortunadamente,
Ron le había vencido, para encontrarse con la cara roja de McLaggen a pulgadas de
la suya. Retrocedió rápidamente.
Harry Potter y el Misterio del Príncipe 188
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