Scrimgeour se limito a asentir, yendo hacia la chimenea.

-Bueno, eso es todo lo que tenía para decir. Lo mantendré informado de
algún avance, Primer Ministro, o por lo menos si estoy muy ocupado para venir
personalmente, le enviaré a Fudge. Ha accedido a quedarse como consejero.

Fudge intento sonreír pero sin éxito, dando la impresión de que
simplemente tenía un dolor de muelas. Scrimgeour ya estaba revolviendo en su
bolsillo en busca del polvo misterioso que trasformaba verde al fuego. El Primer
Ministro los miró esperanzado por un momento, luego las palabras que había
luchado para reprimir brotaron de repente:

-¡Pero por todos los cielos... ¡son magos! ¡Pueden hacer magia!
¡Seguramente pueden conjurar... bueno... ¡cualquier cosa!

Scrimgeour se volvió lentamente e intercambió una mirada de incredulidad
con Fudge, quien pudo manejar su sonrisa esta vez al tiempo que decía
amablemente:

-El problema es que el otro lado también puede hacer magia, Primer
Ministro.

Y con eso, los dos magos caminaron uno detrás del otro hacia las llamas
verdes brillantes y desaparecieron.




Harry Potter y el Misterio del Príncipe 16

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