claramente visibles. Del otro lado del valle, en la colina opuesta, había una elegante
mansión rodeada por una amplia extensión de césped verde y afelpado.

Ogden había empezado a trotar de mala gana a causa de la pendiente.
Dumbledore alargó su paso y Harry se apuró para no quedarse atrás. Pensó que
Little Hangleton debía ser su destino final y se preguntó, como lo había hecho la
noche que habían encontrado a Slughorn, por qué tenían que acercarse desde tanta
distancia. Pronto descubrió que estaba equivocado al pensar que estaban yendo al
pueblo, sin embargo. El camino se curvaba a la derecha y cuando doblaron a la
esquina, fue para ver una punta de la levita de Ogden desaparecer a través de un
hueco en la cerca.

Dumbledore y Harry lo siguieron por un angosto camino de tierra bordeado
por setos más altos y más salvajes que los que había dejado atrás. El camino era
irregular, rocoso y lleno de baches, con pendiente hacia abajo como el anterior, y
parecía dirigirse hacia unos árboles oscuros un poco más abajo. Y así era, el camino
pronto se ensanchó al llegar al grupo de árboles y Dumbledore y Harry se
detuvieron detrás de Ogden, quien se había detenido y sacado su varita.

A pesar del día sin nubes, los altos árboles de adelante creaban sombras
profundas, oscuras y frescas y a los ojos de Harry les tomó unos segundos
distinguir el edificio medio escondido entre la maraña de troncos. A Harry le
pareció una lugar muy extraño para una casa, o una decisión rara dejar crecer los
árboles tan cerca, bloqueando toda la luz y la vista del valle. Se preguntó si estaría
habitada, sus paredes estaban llenas de musgo y se habían caído tantas tejas del
techo que las vigas estaban visibles en muchos lugares. Las ortigas crecían
alrededor de toda la casa, llegando hasta la altura de las ventanas, que eran
minúsculas y cubiertas de mugre. Había llegado a la conclusión de que nadie
podría llegar a vivir ahí, sin embargo, una de las ventanas se abrió de golpe con un
estruendo y una delgada columna de vapor o humo salió por ella, como si alguien
estuviera cocinando.

Ogden avanzó silenciosamente y según le pareció a Harry, bastante
cautelosamente. Mientras las sombras oscuras de los árboles se deslizaban sobre él,
se detuvo otra vez, mirando fijamente la puerta frontal, en la que alguien había
clavado una serpiente muerta.

Entonces se escuchó un susurro y un chasquido, y un hombre vestido con
andrajos cayó del árbol más cercano, aterrizando parado justo delante de Ogden,
quien saltó hacia atrás tan rápido que pisó las colas de su levita y tropezó.

­No eres bienvenido.




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