ocurrido, seguramente habría sido la primer noticia; la muerte y la
destrucción eran más importantes que unos viajeros parados.
Profirió una larga y lenta exhalación y se fijó en el brillante cielo
azul. Cada día de aquel verano había sido lo mismo: la tensión, el ansia,
el alivio temporal y, después, la tensión ascendiente otra vez... Y,
después, cada vez más insistente, la pregunta de por qué todavía no ha
ocurrido nada.
Continuó escuchando, sólo en caso de que hubiera algún indicio,
no reconocido por los muggles alguna extraña desaparición, quizá, o
algún accidente extraño... Pero tras la noticia de la huelga de los
controladores de equipaje, la siguió una sobre la sequía en el sureste
("¡Espero que esté escuchando junto a la puerta!" bramó tío Vernon.
"¡Él, con sus aspersores encendidos a las tres de la mañana!"),
después, un helicóptero que casi se estrella en un campo en Surrey;
después, una famosa actriz se divorcia de su marido ("Como si nosotros
estuviéramos interesados en sus sórdidos asuntos", dijo tía Petunia,
que había seguido el caso obsesivamente en cada revista en la cuál
pudiera poner encima sus huesudas manos).
Harry cerró los ojos ante el resplandeciente cielo de la tarde, al mismo
tiempo que el locutor decía, `- Y, finalmente, Bungy el periquito ha
encontrado un novedoso método para mantenerse frío este verano.
¡Bungy, que vive en las Cinco Plumas, en Barnsley, ha aprendido a
practicar el esquí acuático! Mary Dorkins ha acudido al lugar para saber
más sobre el asunto.'
Harry abrió los ojos. Si habían conseguido que un periquito
practicara el esquí acuático, no había nada más digno de audiencia.
Empezó a dar vueltas cuidadosamente hacia delante y se puso a cuatro
patas, preparado para gatear bajo la ventana.
No se había movido ni tan siquiera 3 centímetros cuando
ocurrieron varias cosas en una rápida sucesión.
Un ruidoso crack hizo eco y rompió el somnoliento silencio como
un balazo; un gato salió corriendo como un rayo de debajo de un coche
aparcado y desapareció de la vista; un alarido, un bramido y el sonido
de la porcelana rota salieron de la ventana de la sala de estar de los
Dursley, y, como si fuera la señal que Harry había estado esperando,
dio un brinco al mismo tiempo que sacaba de la pretina de sus
pantalones una varita de madera, como si desenfundara una espada
pero antes de poder levantarse por completo, su cabeza chocó contra la
ventana abierta de los Dursley. El golpe hizo gritar a tía Petunia aún
más estrepitosamente.
Harry sintió como si su cabeza se hubiera partido en dos. Con
lágrimas en los ojos, se tambaleó, intentando concentrar la vista en la
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