La cara de la mujer vieja empezó a palidecer.

"ĦTuuuuuuuuuuu!" aulló la vieja, sus ojos abiertos como platos tan
pronto vieron al hombre.

"Traidor de sangre, abominación, vergüenza de mi carne!"

"ĦHe- dicho-que-te-calles!" gruñó el hombre, y con un enorme
esfuerzo, él y Lupin fueron capaces de hacer que las cortinas se
cerraran de nuevo.

Los chillidos de la mujer vieja cesaron y de nuevo el silencio cayó.
Acariciando su largo pelo negro y apartándoselo de los ojos, el padrino
de Harry, Sirius, se giró para ponerse enfrente de él.

"Hola, Harry," dijo lúgubremente, "Veo que has conocido a mi
madre."




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