"Vamos a comer abajo, en la cocina," susurró la señora Weasley,
acercándose a ellos al final de las escaleras. "Harry, querido, si pudieras
andar de puntillas a lo largo del vestíbulo hasta esa puerta de allí..."
CRASH
"¡Tonks!" sollozó la señora Weasley exasperada, girándose para
mirar detrás de ella.
"¡Lo siento!" gimió Tonks, que estaba tirada en el suelo. "Es ese
estúpido paraguas de ahí, es la segunda vez que me tropiezo con-"
Pero el resto de sus palabras fueron cortadas por un horrible y
ensordecedor chillido que dejaba helada la sangre.
Las mortífagas cortinas de terciopelo que Harry había pasado hace
un momento se habían abierto de par en par, pero no había ninguna
puerta detrás de ellas. Por un segundo, Harry pensó que estaba
mirando desde una ventana, una ventada detrás de la cual una mujer
mayor vestida con una capa negra estaba gritando y gritando como si
la estuvieran torturando entonces se dio cuenta de que simplemente
era un retrato de medio cuerpo, pero el retrato más realístico y menos
agradable que había visto en su vida.
La mujer vieja estaba babeando, sus ojos estaban girando hasta
quedarse en blanco, la piel amarillenta de su cara se estiraba hasta
tensarse cuando ella gritaba; y por todo el vestíbulo detrás de ellos, los
otros retratos se despertaban y empezaban a chillar también, de
manera que Harry arrugó los ojos ante el sonido y se tapó las orejas
con las manos.
Lupin y la señora Weasley se precipitaron y trataron de cerrar las
cortinas para tapar a la anciana, pero no eran capaces de cerrarlas y
ella empezó a gritar más alto que nunca, blandiendo sus manos para
intentar atacar sus caras con las uñas.
"¡Suciedad! ¡Escoria! ¡Productos de la suciedad y repugnantes!
¡Medio desarrollados, mutantes, subnormales, largaos de esta casa!
Cómo os atrevéis a venir a la casa de mis padres-
Tonks se disculpaba una y otra vez, incorporando la enorme y
pesada pierna del troll de nuevo en el suelo; la señora Weasley
abandonó el intento de correr las cortinas y caminaba de prisa, arriba y
abajo, por el vestíbulo, aturdiendo a los otros retratos con su varita; y
un hombre con pelo largo negro envistió una puerta y apareció frente a
Harry.
"¡Cállate, horrible bruja vieja, CÁLLATE!" gruñó, corriendo las
cortina que la señora Weasley había abandonado.
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