La mujer avanzó, alejándose de sus compañeros, y apartando su
capucha. Azkaban había vaciado la cara de Bellatrix Lestrange,
haciéndola flaca y esquelética, pero estaba viva con un ferviente,
fanático brillo.

"¿Necesitas más persuasión?" pregunto, su pecho subía y bajaba
rápidamente. "Muy bien... coged a la más pequeña" ordenó a los
mortífagos tras ella. "Dejadle mirar mientras torturamos a la pequeña
niña. Yo lo haré."

Harry sintió como los demás se pegaban a Ginny rodeándola; el
dio un paso de lado para colocarse justo ante ella, con la Profecía
alzada ante su pecho.

"Tendrás que romper esto si quieres atacar a cualquiera de
nosotros" le dijo a Bellatrix "No creo que tu jefe quede muy contento si
vuelves sin esto, ¿verdad?"

Ella no se movió; solo se quedó mirándolo fijamente, son la punta
de su lengua humedeciendo sus delgados labios.

"Así que..." dijo Harry, "¿de que tipo de profecía hablamos, de
todas formas?

No podía pensar en otra cosa que hacer excepto seguir hablando.
El brazo de Neville estaba apretado contra él, y lo podía sentir temblar;
así como la rápida respiración de otro justo en su nuca. Esperaba que
ellos estuvieran pensando en formas de escapar, porque su mente
estaba en blanco.

"¿Qué tipo de profecía?" repitió Bellatrix, la sonrisa
desapareciendo de su rostro. "Está de broma, Harry Potter."

"No, no bromeo", dijo Harry, sus ojos pasando de mortífago en
mortífago, buscando un punto débil, un hueco por donde pudieran
escapar. "¿Por qué la quiere Voldemort?"

Varios mortífagos dejaron escapar silbidos graves.

"¿Te atreves a decir su nombre?" susurró Bellatrix.

"Si", dijo Harry, agarrando firmemente la bola de cristal,
esperando otro intento por parte de ella de conjurarla lejos de él. "Si,
no tengo ningún problema de decir Vol..."

"¡Cállate!" chilló Bellatrix. "Como te atreves a pronunciar su
nombre con tus indignos labios, como te atreves a mancharlo con tu
lengua de sangre sucia, como te atreves..."




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