posición-. ¿Qué hay de Lupin? ¿de OjoLoco? Cualquiera de ellos, ¿está
ahí cualquiera de ellos?

-¡Aquí no hay nadie mas que Kreacher!- informó el elfo con
regocijo, y dándole la espalda a Harry comenzó a caminar despacio
hacia la puerta que se encontraba al final de la cocina-. Kreacher piensa
que va a tener una pequeña plática con su ama ahora, sí, él no ha
tenido la oportunidad en mucho tiempo, el amo de Kreacher lo ha
mantenido alejado de ella......

-¿A dónde se fue Sirius?- le gritó Harry al elfo-Kreacher, ¿se fue al
Departamento de Misterios?

Kreacher detuvo su camino. Harry apenas podía ver delineada su
calva cabeza a través del bosque de patas de sillas que tenía ante él.

-El amo no le dice al pobre de Kreacher a dónde va- contestó el
elfo en voz baja.

-¡Pero tú lo sabes!- le gritó Harry-. ¿No es cierto? ¡Sabes dónde
está!

Hubo un momento de silencio, y en seguida el elfo dejó escapar
su cacareo más fuerte.

-¡El amo no va a volver del Departamento de Misterios!- dijo
alegremente- ¡Kreacher y su ama están solos nuevamente!

Y se echó a correr desapareciendo por la puerta del salón.

-¡Tú......!

Pero antes que pudiera lanzar una simple maldición o un insulto,
Harry sintió un gran dolor en la parte superior de su cabeza; inhaló
gran cantidad de ceniza y, ahogado, se encontró siendo jalado hacia
atrás a través de las flamas, hasta que de un modo horriblemente
abrupto se encontró viendo la pálida y ancha cara de la Profesora
Umbridge, quien lo había arrancado de la chimenea jalándolo por el
pelo y ahora estaba torciendo su cuello hacia atrás tanto como se
podía, como si fuera a hacer una incisión en su garganta.

-¿Crees- murmuraba tirando del cuello de Harry aún más hacia
atrás, de manera que lo tenía viendo el techo- que después de dos
Nifflers iba a permitir que una pequeña criatura asquerosa y rastrera
entrara en mi oficina sin mi conocimiento? Coloqué Encantamientos
Sensores Ocultos por todo el marco de la puerta después que entró el
último, para que lo sepas, niño necio. Quítenle la varita mágica- le gritó
a alguien que no podía ver, y sintió una mano hurgar en el bolsillo del
pecho de su túnica y quitarle la varita-. ¡La de ella también!



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