- ¿De qué se trata, Hagrid? - preguntó Hermione, mirándolo con
expresión preocupada mientras cruzaban presurosos el césped hacia el
margen del Bosque.

-Lo....lo verán en un momento.....- murmuró Hagrid y examinó
sobre su hombro cuando un gran bramido subió desde las gradas
detrás de ellos-. ¿Hey, alguien acaba de anotar?

-Será Ravenclaw- señaló Harry pesadamente.

- Bien... bien... - comentó Hagrid distraídamente-. Eso está bien.

Tuvieron que trotar para mantenerse a su ritmo mientras
cruzaban los terrenos, con Hagrid mirando alrededor a cada paso.
Cuando llegaron a su cabaña, Hermione fue automáticamente hacia la
puerta delantera. Hagrid, sin embargo, siguió derecho pasándola y se
encaminó hacia la sombra de los árboles en el extremo del límite del
Bosque, donde recogió una ballesta que estaba apoyada contra un
árbol. Cuando se dio cuenta que no estaban con él, se volvió.

- Vamos a ir allí- informó, sacudiendo su desgreñada cabeza hacia
atrás.

- ¿Dentro del Bosque? - preguntó Hermione, perpleja.

-Sí- contestóHagrid-. ¡Vamos ahora, rápido, antes que seamos
descubiertos!

Harry y Hermione se miraron, luego se sumergieron bajo la
cubierta de los árboles detrás de Hagrid, quien ya se había alejado en
la verde oscuridad, la ballesta sobre su brazo. Harry y Hermione
corrieron para alcanzarlo.

-¿Hagrid, por qué estás armado? ­ lo interrogó Harry.

-Es sólo por precaución- replicó el aludido, encogiendo sus
macizos hombros.

-El día que nos mostraste los Thestrals no trajiste tu ballesta-
agregó Hermione tímidamente.

-No, bueno, entonces no íbamos a ir tan lejos como ahora- explicó
Hagrid-Y, en todo caso, fue antes que Firenze abandonara el Bosque
¿no es así?

- ¿Por qué la partida de Firenze marca una diferencia?- insistió
Hermione con curiosidad.

-Porque es la razón por la que los otros centauros están irritados
conmigo, por eso- replicó Hagrid quedamente, mirando alrededor-.


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