CAPITULO 1


Dudley Demente

El día más cálido del verano se dibujaba en un cercano y
soñoliento silencio, que se extendía por las grandes y cuadradas casas
de Privet Drive. Los coches, que generalmente brillaban, permanecían
polvorientos en las entradas de sus casas, y el césped que una vez fue
de color verde esmeralda estaba seco y amarillento a causa de la
prohibición del uso de las mangueras debido a la sequía. Privados de
sus usuales lavados de coche y de el riegue del césped, los habitantes
de Privet Drive se habían retirado a la sombra de sus frescas casas,
cuyas ventanas estaban abiertas de par en par con la esperanza de
tentar una brisa inexistente. La única persona que permanecía en el
exterior era un adolescente recostado sobre una mata de flores, en la
entrada del número 4.

Él era flaco, de pelo negro. Un chico con gafas que tenía un
aspecto pellizcado, ligeramente insano, el aspecto de alguien que ha
crecido mucho en un corto espacio de tiempo. Sus pantalones vaqueros
estaban desgarrados y sucios, su camiseta floja y descolorida, y las
suelas de sus zapatillas estaban descascarilladas. La apariencia de
Harry Potter no cautivaba a los vecinos, quienes eran la clase de
personas que se creen que la gente desaliñada debe ser punible por la
ley, pero como aquella tarde se escondió tras una gran mata de
hortensias, resultaba poco visible a los transeúntes. De hecho, la única
forma por la cuál sería descubierto era si tío Vernon o tía Petunia
pegaban sus cabezas en la ventana de la sala de estar y miraban a la
mata de flores.

Harry pensó que era buena idea el hecho de esconderse ahí. Tal
vez no estuviera cómodo tumbado en el cálido y duro suelo, pero, por
otra parte, nadie le miraba de malas maneras, haciendo rechinar sus
dientes tan alto que no podía escuchar las noticias, o haciéndole
preguntas obscenas, como le ocurría cada vez que intentaba sentarse
en el sofá de la sala de estar para ver la televisión con sus tíos.

Casi como si este pensamiento hubiese revoloteado a través de la
ventana abierta, Vernon Dursley, el tío de Harry, habló de repente:

- Me alegra ver que el chico ha parado de meterse por medio.
¿Dónde está, de todos modos?

- No lo sé ­ dijo tía Petunia -. No está en casa.



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