-George- le dijo- creo que se acabo nuestro periodo de
educación.

-Si, pienso lo mismo- declaró George animado.

-¿Crees que es tiempo de probar nuestros talentos en el mundo
real?

-Definitivamente.

Y antes que Umbridge pudiera decir una sola palabra, levantaron
sus varitas y exclamaron conjuntamente:

-¡Accio escobas!

Harry escuchó un fuerte estruendo en algun lugar lejano.
Mirando hacia su izquierda, se agachó justo a tiempo. Las escobas de
Fred y George, una de ellas todavía arrastrando la pesada cadena y la
clavija de hierro con la cual Umbridge las había sujetado al muro, se
lanzaban a lo largo del corredor hacia sus dueños; giraron a la
izquierda, bajaron las escaleras a toda velocidad y se detuvieron
delante de los gemelos, con la cadena traqueteando ruidosamente en el
enlosado piso de piedra.

-No nos veremos- espetó Fred a la Profesora Umbridge,
balanceando la pierna sobre el palo de su escoba.

-Si, no se moleste por mantenerse en contacto- agregó George,
montando en la suya.

Fred miró a los estudiantes reunidos, silenciosos, vigilantes.

-Quien quiera comprar un eficaz Pantano Portátil, como hemos
demostrado en el piso superior, venga al noventa y tres del Callejón
Diagon, "Bromas Mágicas Wesley"- exclamó en voz alta-. ¡Nuestros
nuevos locales!

-Descuentos especiales para los estudiantes de Hogwarts que
juren que van a usar nuestros productos para deshacerse de ese viejo
murciélago -añadió George, señalando a la Profesora Umbridge.

-¡DETÉNGANLOS!- chilló Umbridge, pero ya era demasiado tarde.
Cuando el Escuadrón Inquisitorial se acercó, Fred y George despegaron
del suelo, y salieron disparados a cinco pies en el aire, con la clavija de
hierro meciéndose peligrosamente debajo. Fred miro a través del
Vestíbulo al espíritu burlón que flotaba sobre la multitud.

-Convierte su vida en un infierno por nosotros, Peeves.




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