"Entra rápido, Harry", susurró Lupin, "pero no te vayas muy lejos
cuando estés dentro y no toques nada".

Harry traspasó el umbral de la puerta para adentrarse en la más
absoluta oscuridad del recibidor. Podía oler la humedad, el polvo y un
olor dulzón que parecía arraigado al lugar; el sitio daba la sensación de
ser un edificio abandonado. Miró por encima de su hombro y vio a los
demás entrando detrás de él, Lupin y Tonks transportando su baúl y la
jaula de Hedwig. Moody estaba de pie en la última escalera de la
entrada, liberando las bolas de luz que el Put- Outer había robado de
las farolas de la calle; las bolas volaron hacia sus bombillas y la plaza
brilló momentáneamente con una luz naranja, hasta que Moody cojeó
hasta el interior y cerró la puerta delantera, de modo que la oscuridad
del recibidor se volvió completa.

"Aquí-"

Dio un golpe fuerte con su varita en la cabeza de Harry; Harry se
sintió esta vez como si algo caliente estuviera goteando por su espalda
y supo que el Encantamiento Desilusionador había desaparecido.

"Ahora quedaros aquí todos mientras damos un poco de luz",
susurró Moody.

Las voces silenciosas de los otros producían en Harry un extraño
presentimiento; era como hubieran entrado en la casa de una persona
muerta. Escuchó una ruido sibilante y suave y entonces unas lámparas
de gas totalmente pasadas de moda volvieron a la vida a lo largo de las
paredes, arrojando una parpadeante y escasa luz sobre el despegado
papel de la pared y la raída alfombra durante un rato. El oscuro
corredor apenas estaba iluminado por una luz tenue que reflejaban una
tela de araña del techo y los marcos de unos retratos ennegrecidos por
los años, que colgaban torcidos de las paredes. Harry escuchó algo
detrás del rodapié. Tanto la tela de araña, como los candelabros que
estaban en una raquítica mesa cercana parecían tener forma de
serpientes.

Se oyó el sonido de unos pasos rápidos y la madre de Ron, la
señora Weasley, salió de una puerta situada al final del vestíbulo.
Estaba sonriendo para dar la bienvenida y corrió rápidamente hacia
ellos, aunque Harry se dio cuenta de que estaba bastante más delgada
y pálida que la última vez que la había visto.

"¡Oh, Harry, es fantástico verte de nuevo!" susurró, apretándole
en un abrazo antes de cogerle por el brazo y examinarlo críticamente.
"Estás demasiado delgado, necesitas alimentarte, aunque me temo que
tendrás que esperar un poco para cenar."




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