acercaba más y más... Se estaba enderezando, bajando su pluma,
acercando su rollo de pergamino hacia si como para releer lo que había
escrito.
Harry se detuvo enfrente del escritorio y vio asombrado a su
padre con quince años de edad.
La emoción explotó en la base de su estómago: era como
estarse viendo a si mismo, pero con ciertas inexactitudes. Los ojos de
James eran color avellana, su nariz un poco más grande que la de
Harry, y no había cicatriz en su frente, pero tenían la misma cara
delgada, la misma boca, las mismas cejas. El pelo de James se paraba
atrás justo como el de Harry, sus manos podrían haber sido las de
Harry, y esté pudo haber jurado, cuando James se paró a su lado, que
en estatura se diferenciaban por apenas una pulgada.
James bostezó ampliamente y se desgreñó el pelo,
desordenándolo aún más que antes. Entonces, con un vistazo hacia el
Profesor Flitwick, se dio la vuelta en su asiento y le sonrió a un
muchacho que estaba sentado cuatro asientos atrás de él.
Con otro impacto de emoción, Harry vio a Sirius hacerle una
señal a James con los pulgares hacia arriba. Sirius estaba
haraganeando en su silla tranquilamente, recargándola sobre dos
patas. Era muy bien parecido; su pelo negro caía sobre sus ojos con
cierta clase de elegancia casual que ni James ni Harry hubieran podido
lograr jamás, y una chica sentada detrás lo atisbaba
esperanzadamente, aunque él parecía no notarlo. Y dos asientos más
allá de esta niña, el estómago de Harry se volvió a retorcer
agradablemente, estaba Remus Lupin. Se veía muy pálido y delgado
(¿se estaría acercando la luna llena?) y estaba sumergido en el
examen: Mientras releía sus respuestas se rascaba la barbilla con la
punta de su pluma, frunciendo el ceño ligeramente.
Eso significaba que Colagusano debía estar en algún lugar por
ahí también... y así era, Harry lo localizó a los pocos segundos: un
pequeño chico con pelo de ratón y nariz puntiaguda. Colagusano lucía
ansioso; se estaba mordiendo las uñas, mirando fijamente su examen,
golpeando el suelo con las puntas de sus pies. De vez en cuando
miraba esperanzado la prueba de su vecino. Harry le clavó los ojos por
un momento, luego regreso su atención a James, que estaba
garabateando en un pedazo del pergamino. Había dibujado una Snitch
y ahora estaba trazando las letras L.E. ¿Qué significaría?
-¡Plumas abajo, por favor!- chilló el Profesor Flitwick-. ¡Eso va
para ti también, Stebbins! ¡Por favor permanezcan sentados mientras
recojo sus pergaminos! ¡Accio!
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