Alzó la taza hacia sus labios y después, repentinamente, la bajó.
Uno de los gatitos horriblemente pintados detrás de Umbridge tenía
grandes y redondos ojos azules iguales al de Ojo-Loco Moody, y
entonces se le ocurrió lo que diría Ojo-Loco si escuchara que Harry
había bebido cualquier cosa ofrecida por un enemigo conocido.
-¿Qué pasa?- interrogó Umbridge, quien lo seguía observando de
cerca-. ¿Quiere azúcar?
-No- contestó Harry.
Se llevó la taza a los labios otra vez y pretendió darle un sorbo, a pesar
de mantener su boca bien cerrada. La sonrisa de Umbridge se amplió.
-Bien- murmuró-. Muy bien. Entonces ahora...- Se inclinó un
poco hacia delante-.¿Dónde está Albus Dumbledore?"
-Ni idea- replicó Harry rápidamente.
-Beba más, beba más- insistió, aún sonriendo-. Ahora, Señor
Potter, dejemos los juegos infantiles. Sé que usted sabe adónde se fue.
Usted y Dumbledore han estado juntos en esto desde el principio.
Considerando su posición, Señor Potter...
-No sé dónde está- repitió Harry.
Pretendió beber otra vez. Ella lo estaba viendo muy de cerca.
-Muy bien- susurró, a pesar de que se veía disgustada-. En ese
caso, tendría la amabilidad de decirme el paradero de Sirius Black.
El estómago de Harry se retorció y la mano que sostenía su taza
de té tembló de modo que la vasija vibró en su platito. La movió la taza
hacia su boca con los labios apretados, de forma que algo del caliente
líquido se deslizó hasta su túnica.
-No sé- contestó, demasiado rápido.
-Señor Potter- dijo Umbridge- déjeme recordarle que fui yo la
que casi atrapó al criminal Black en la chimenea de Gryffindor en
Octubre. Sé perfectamente bien que era con usted con quien estaba
reuniéndose y si tuviera alguna prueba ninguno de los dos estaría libre
hoy, se lo juro. Le repito, Señor Potter... ¿Dónde está Sirius Black?
-Ni idea- declaró Harry fuertemente-. No tengo ni una pista.
Se miraron fijamente uno al otro durante tanto tiempo que Harry
sintió que sus ojos lagrimeaban. Entonces ella se puso de pie.
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