Harry bajó su varita ligeramente pero no relajó su fuerza, no se
movió. Tenía una buena razón para sospechar. Recientemente había
pasado nueve meses en los cuales había pensado que estaba con el
verdadero Moody solo para saber que no estaba con el correcto, si no
con un impostor; un impostor, además, que trató de matar a Harry
después de que fue descubierto. Pero antes de que hubiera tomado
una decisión acerca de lo que iba a hacer, una segunda voz,
ligeramente ronca flotó hacia arriba.

- `Todo esta bien, Harry. Hemos venido a llevarte.'

El corazón de Harry saltó. También conocía aquella voz, aunque
no la hubiera escuchado por más de un año.

- `¿P-profesor Lupin?'-Dijo incrédulo.- `¿Es usted?'

- `¿Por qué estamos todos en la oscuridad?'- Dijo una tercera voz,
ésta completamente desconocida, de una mujer.- ¡Lumos!

La punta de una varita se encendió, iluminando el salón con una
luz mágica. Harry parpadeó. La gente de abajo estaba reunida al pie de
las escaleras, mirándolo fijamente, algunos estirando el cuello para una
mejor vista.

Remus Lupin estaba cerca de el. Aunque todavía era joven, Lupin
se veía cansado y bastante enfermo; tenía mas cabello gris que cuando
le había dicho adiós, y su túnica estaba mas remendada y raída que
nunca. Sin embargo seguía sonriendo ampliamente a Harry, que trataba
de devolverle la sonrisa a través de su impresión.

-Oooh, se ve justamente como pensé que se vería!.- dijo la bruja
que estaba sosteniendo su varita encendida. Parecía la más joven de
ahí; tenía una cara pálida en forma de corazón, ojos oscuros brillantes,
y cabello pequeño y picudo que tenía una violenta tonalidad violeta.-
¡Qué tal, Harry!

-Si, ya veo a lo que te refieres, Remus.- dijo un mago negro calvo
parado hasta atrás; tenía una voz profunda y lenta y tenía un aro en su
oreja.- Es igual que James.

-Excepto los ojos.- dijo en un resoplido, un mago con cabello
plateado que se encontraba atrás.-Los ojos de Lily.

Ojo Loco Moody, que tenía cabello entrecano y un pedazo grande
le faltaba en la nariz, veía a Harry a través de sus ojos diferentes. Uno
de ellos era pequeño, oscuro, y brillante, el otro largo, redondo y de un
azul eléctrico--el ojo mágico que podía ver a través de paredes, puertas
y nuca del propio Moody.




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