trasportar. Aferró uno de los extremos de su baúl y ya lo había
arrastrado hasta la mitad de camino hacia la puerta cuando una voz
despectiva le dijo:

-¿Así que nos estamos fugando?

Miro a su alrededor. Phineas Nigellus había aparecido en el lienzo
de su retrato y estaba reclinado contra el marco, mirando a Harry con
una expresión divertida.

-No me estoy fugando, no- replicó Harry brevemente,
arrastrando su baúl unos cuantos pies más a través del cuarto.

-¡Pensaba- comentó Phineas Nigellus acariciando su barba
puntiaguda- que para pertenecer a la Casa Gryffindor se suponía que
debías ser valiente! Aunque me parece que hubieras estado mejor en
mi propia casa. Los Slytherins somos valientes, sí, pero no estúpidos.
Por ejemplo dada la oportunidad, siempre escogeríamos salvar nuestro
propio cuello.

-No es mi propio cuello el que estoy salvando- declaró Harry
lacónicamente, halando el baúl sobre un pedazo particularmente
desigual, una alfombra desgastada por las polillas ubicada frente a la
puerta.

-OH, ya veo- espetó Phineas Nigellus, todavía acariciando su
barba ­ no es una huida cobarde, estás siendo noble.

Harry lo ignoró. Su mano estaba en la perilla de la puerta cuando
Phineas Nigellus informó perezosamente

-Tengo un mensaje de Albus Dumbledore para ti.

Harry se dio la vuelta.

-¿Qué es?-

-Quédate donde estás.

-¡No me he movido!- replicó Harry, su mano aún sobre la perilla
de la puerta-. Así que, ¿Cuál es el mensaje?

-Acabo de dártelo, tonto- dijo Phineas Nigellus secamente-.
Dumbledore dice: "Quédate donde estás"

-¿Por qué?- preguntó Harry con impaciencia bajando el extremo
de su baúl-.¿Por qué quiere que me quede? ¿Qué más dijo?

-Nada en absoluto- contestó Phineas Nigellus, elevando una
delgada ceja negra como si considerara que Harry era impertinente.


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