Hubo una pausa en la que Hagrid la miró desconcertado con su
ojo recién destapado. Harry casi podía escuchar su cerebro trabajando
furiosamente.
-Yo...yo estuve... descansando por cuestiones de salud- contestó.
-Cuestiones de salud- repitió la Profesora Umbridge. Su ojos
recorrieron la decolorada e hinchada cara de Hagrid, sangre de dragón
goteando suave y silenciosamente en su saco-. Ya veo.
-Sí- agregó Hagrid-, un poco de...de aire fresco, sabe...
-Sí, como guardabosque el aire fresco debe ser un poco difícil de
conseguir-. comentó Umbridge dulcemente. La pequeña parte de la
cara de Hagrid que no estaba negra o púrpura, se sonrojó.
-Bueno...un cambio de escenario, sabe...
-¿Escenario de montaña?- preguntó Umbridge en un segundo.
"Ella sabe", pensó Harry con desesperación.
-¿Montañas?- repitió Hagrid, pensando rápidamente-. No, el sur
de Francia para mí. Un poco de sol...y mar.
-¿De veras?- insistió Umbridge-. No está muy bronceado.
-Sí...bueno...mi piel es bastante sensible- dijo Hagrid intentando
sonreír. Harry se dio cuenta de que le faltaban dos dientes.
Umbridge lo miró con frialdad; su sonrisa se desvaneció. Entonces
se acomodó el bolso de mano en el brazo y comentó:
-Por supuesto, tendré que informar sobre su tardanza al
Ministerio.
-Claro- aceptó Hagrid asintiendo.
-Debe saber, además, que como Gran Inquisidora es mi
desafortunado pero necesario deber inspeccionar a mis compañeros
Profesores. Así que supongo que nos encontraremos otra vez muy
pronto.
Se dio vuelta súbitamente y caminó hasta la puerta.
-¿Nos está inspeccionando?- preguntó Hagrid con una expresión
vacía en el rostro viéndola marchar.
-Oh, sí- afirmó Umbridge suavemente, mirándolo desde la puerta
con la mano en el picaporte-. El Ministerio esta determinado a sacar
cualquier Profesor que sea insatisfactorio. Hagrid, buenas noches.
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