- ¡EXPECTO PATRONUM!
Un ciervo plateado enorme salió de la punta de la varita de Harry;
sus astas se clavaron en el sitio donde el dementor debía tener el
corazón; lo lanzó lejos, tan pesado como la oscuridad, y cuando el
ciervo volvió a la carga, el dementor se abalanzó lejos, como un
murciélago y derrotado.
- ¡POR AQUÍ! - Harry gritó al ciervo. Dándose la vuelta, corrió a
toda velocidad por el callejón, agarrando la luz que arrojaba su varita -
¿DUDLEY? ¡DUDLEY!
Había corrido apenas una docena de pasos cuando les alcanzó:
Dudley estaba acurrucado en el suelo, sus brazos le cubrían la cara. Un
segundo dementor estaba agazapado encima de él, agarrando sus
muñecas con sus escuálidas manos, presionándolas lentamente, casi
amorosamente, descendiendo su capucha delante de la cara de Dudley
para darle el Beso.
- ¡CÓGELO! - chilló Harry, y con un apresurado y fuerte sonido, el
ciervo plateado que él había conjurado fue galopando hacia él. La cara
sin ojos del dementor estaba a menos de 3 cm. de la de Dudley cuando
un asta plateada lo capturó; la cosa fue lanzada al aire y, como su
compañero, planeó lejos y fue absorbido en la oscuridad; el ciervo
galopó hasta el final del callejón y se disolvió en una neblina plateada.
La luna, las estrellas y las farolas volvieron a la vida. Una brisa
templada barrió el callejón. Los árboles se agitaban en los jardines
vecinos y el rumor de los coches en Magnolia Crescent llenaron el aire
de nuevo.
Harry se levantó con todos sus sentidos vibrando todavía,
volviéndose abruptamente a la normalidad. Después de un momento,
fue consciente de que su camiseta le estaba pegada; estaba bañado en
sudor.
No podía creer lo que acababa de pasar. Dementores, allí, en Little
Whinging.
Dudley yacía acurrucado en el suelo, lloriqueando y agitándose.
Harry se agachó para ver si estaba en condiciones de levantarse, pero
entonces oyó un fuerte ruido, pasos corriendo detrás de él.
Instintivamente levantó su varita de nuevo, aguardando al recién
llegado.
La señora Figg, su vieja y chiflada vecina, apareció de pronto. Su
canoso pelo gris escapaba de su moño, una bolsa de la compra estaba
balanceándose en su muñeca y en sus pies llevaba sus zapatillas de
andar por casa. Harry intento esconder repidamente su varita, pero...
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