La aterrorizada voz de Dudley irrumpió en la oreja de Harry.

- ¿Qué estás haciendo? ¡Páralo!

- ¡No estoy haciendo nada! ¡Cállate y no te muevas!

- ¡No puedo ver! ¡Me he quedado ciego! Yo...

- ¡He dicho que te calles!

Harry se levantó girando sus ojos a derecha e izquierda. El frío era
tan intenso que estaba tiritando; la piel se le había puesto de gallina y
los pelos de la nuca se le habían erizado ­ abrió sus ojos todo lo que
podía, mirando a ciegas alrededor, sin ver nada.

No era posible..."Ellos no pueden estar aquí... No en Little
Whinging..." Agudizó sus oídos... Podría oírlos antes de verlos...

- ¡Se lo diré a papá! - lloriqueó Dudley - ¿Dónde estás? ¿Qué estás
ha...

- ¿Te callarás? - siseó Harry - Estoy tratando de escu...

Pero se calló. Acababa de escuchar lo que se estaba temiendo.

Había algo aparte de ellos en el callejón, alguien con sus
traqueteantes, roncos alientos. Harry sintió una horrible sacudida y se
levantó temblando en el frío aire.

- ¡Para eso! ¡Deja de hacer eso! ¡Te pegaré! ¡Lo juro!

- Dudley, calla...

WHAM

Un puño hizo contacto en un lado de la cabeza de Harry,
haciéndole caer. Pequeñas blancas luces aparecieron delante de sus
ojos. Por segunda vez en una hora Harry sintió como si su cabeza se
hubiera partido en dos; al momento siguiente, había aterrizado en el
duro suelo y su varita había volado fuera de su alcance.

- ¡Imbécil! - Harry gritó, sus ojos nublados por el golpe mientras
se frotaba sus rodillas y manos, sintiéndose desesperado en la negrura.
Escuchó a Dudley golpear la alambrada del callejón y dar un traspié.

- ¡DUDLEY VUELVE! ¡ESTÁS CORRIENDO DERECHO HACIA ESO!"

Hubo un horrible chillido y los pasos de Dudley pararon. Al mismo
tiempo, Harry sintió deslizarse un frío helado detrás de él, lo que sólo
significaba una cosa. Había más de uno.



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