alguien que había estado en la prisión de los magos, Azkaban,
escapado, intentado cometer el asesinato por el cuál había sido
condenado la primera vez y huido con un hipogrifo robado, le dijera
que no hiciera nada irreflexivo.
Harry saltó por encima de la puerta cerrada del parque y salió
cruzando la reseca hierba. El parque estaba vacío como las calles de los
alrededores. Cuando alcanzó los columpios se sentó en el único que
Dudley y sus amigos no habían roto aún, pasó su brazo alrededor de la
cadena y miró taciturno al suelo. No podría volver a esconderse en el
arriate de los Dursley de nuevo. Mañana tendría que pensar en alguna
manera fresca de escuchar las noticias. Mientras tanto, no había
pensado en sus otras inquietudes, la perturbada noche, porque incluso
cuando escapaba de las pesadillas de Cedric tenía inquietantes sueños
sobre largos y oscuros corredores, todos con la muerte al final y
puertas cerradas con llave, que él suponía que tenían algo que ver con
la sensación de atrapado que tenía cuando se despertaba. Algunas
veces la vieja cicatriz en su frente le picaba incómodamente, pero él no
era tan tonto como para contárselo a Ron, Hermione o Sirius, o como
para suponer que ellos encontrarían eso interesante. En el pasado, su
cicatriz le había dolido cuando Voldemort se estaba volviendo fuerte de
nuevo, pero ahora Vodemort había vuelto y ellos pensarían que lo único
que Harry intentaba era llamar la atención... Nada de qué
preocuparse... Viejas noticias...
La injusticia era que todo brotaba en su interior, por eso él quería
gritar con furia. ¡Si no hubiera sido por él, nadie habría sabido nunca
que Voldemort había vuelto! Y su recompensa era estar atrapado en
Little Whinging durante cuatro largas semanas, completamente fuera
del mundo mágico, reducido a ocuparse de las agonizantes begonias
para oír ¡cómo los periquitos hacían esquí acuático! ¿Cómo podía
Dumbledore haberse olvidado de él tan fácilmente? ¿Por qué estaban
Ron y Hermione juntos sin invitarle a estar con ellos? ¿Cuánto tiempo
se suponía que tendría que aguantar a Sirius diciéndole que fuera un
buen chico; o resistir a la tentación de escribir a El Profeta y contar que
Vodemort había vuelto? Estos furiosos pensamientos giraban alrededor
de la cabeza de Harry, y su interior se retorcía de ira como una
bochornosa y suave noche cayendo a su alrededor, el aire lleno del olor
templado, malos gases, y el único sonido del retumbante ruido del
tráfico de las calles cercanas al parque. No sabía cuánto tiempo llevaba
allí sentado en el columpio cuando las voces de sus meditaciones
fueron interrumpidas y miró hacia arriba. Las farolas de las calles de
alrededor arrojaban una borrosa luz suficiente para apreciar la silueta
de un grupo de gente haciendo su camino a través del parque. Uno de
ellos iba cantando fuerte una canción grosera. Los otros iban riéndose.
Un suave ruido vino de sus caras bicicletas de carreras.
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