Esta vez se había metido en problemas, y él lo sabía. Más tarde
tendría que enfrentarse con su tío y pagar el precio de su rudeza, pero
por el momento eso no le importaba; tenía otras cosas más importantes
en su cabeza.
Harry estaba seguro de que el sonido crujiente fue producido por
alguien apareciendo y desapareciendo. Era exactamente el sonido que
Dobby, el elfo doméstico, hacía cada vez que desaparecía. ¿Era posible
que Dobby estuviera en Privet Drive? ¿Podría estar Dobby siguiéndole
en ese mismo instante? En cuanto se le ocurrió ese pensamiento, se dio
la vuelta y miró fijamente calle abajo, pero parecía completamente
desierta y Harry estaba seguro de que Dobby no sabía cómo hacerse
invisible.
Anduvo apenas consciente de la ruta que estaba tomando, por
esas calles que tan asiduamente había recorrido últimamente que sus
pies le llevaron a sus lugares predilectos automáticamente. Cada pocos
pasos se volvía a mirar sobre su hombro. Algo mágico había estado
cerca de él cuando estaba tumbado a lo largo de las agonizantes
begonias de Tía Petunia, estaba seguro de ello. ¿Por qué no habían
hablado con él, por qué no habían establecido contacto, por qué se
estaban escondiendo ahora?
Y después con su máximo sentimiento de frustración, estuvo cerca
de escaparse.
Quizás no había sido un sonido mágico después de todo. Quizás
estaba tan desesperado por cualquier signo de contacto del mundo al
que pertenecía que estaba simplemente reaccionando
desmesuradamente ante ruidos perfectamente ordinarios. ¿Podía estar
seguro de que no había sido el sonido de algo rompiéndose en el
interior de la casa de un vecino?
Harry sintió un apagado presentimiento en su estómago y antes
de darse cuenta, el sentimiento desesperado que había estado
importunándole todo el verano, apareció de nuevo.
A la mañana siguiente se levantaría por la alarma a las cinco en
punto y podría pagarle a la lechuza que le traía El Profeta - pero ¿había
alguna razón para seguir obteniéndolo? Harry simplemente echaba una
mirada a la portada antes de tirarlo a un lado como los demás días;
cuando los idiotas que trabajaban en el periódico por fin se dieran
cuenta de que Voldemort había vuelto, sería un titular de primera
página, y eso era lo único de lo que tenía cuidado Harry.
Si fuera afortunado, habría también lechuzas trayendo cartas de
Ron y Hermione, sus mejores amigo, con la expectativa de que sus
cartas no le trajeran las noticias que habían llegado hasta ahora.
11
|
|