- ¿Por qué estabas escondido bajo la ventana?

- ¡Eso es, bien dicho, Petunia! ¿Qué estabas haciendo bajo
nuestra la ventana, chico?

- Escuchar las noticias ­ dijo Harry con voz resignada.

Sus tíos se cambiaron miradas de asombro.

- ¡Escuchando las noticias!, ¿otra vez?

- Bueno, veras, cambian cada día ­ dijo Harry.

- ¡No te pases de listo conmigo, niño! ­ Quiero saber exactamente
qué es lo que te traes entre manos ­ ¡y no me digas más que estabas
escuchando las noticias! Sabes perfectamente que tu mundo...

- Cuidado, Vernon - dijo Petunia, y tío Vernon bajó su voz tanto
que Harry apenas podía oírla -. ¡Tu mundo no está en nuestras noticias!

- Eso es lo que vosotros creéis ­ dijo Harry.

Los Dursley le miraron con los ojos saltones durante unos
segundos. Después, tía Petunia dijo, - Eres un pequeño mentiroso.
¿Qué hacen entonces todas esas ­ ella también bajó el tono de su voz,
y Harry tuvo que leer los labios a tía Petunia para adivinar la siguiente
palabra ­ lechuzas si no te traen las noticias?

- ¡Aja! ­ Susurró tío Vernon con aire triunfal - ¡Sal de esa, chico!
Como si no supiéramos que consigues todas tus noticias gracias a esos
pájaros pestilentes.

Harry vaciló por un momento. Esta vez le costó un poco decir la
verdad, si bien sus tíos posiblemente no sabían lo mal que se sentía al
admitirlo.

- Las lechuzas... No me están trayendo noticias ­ dijo
atonalmente.

- No me lo creo ­ dijo tía Petunia de inmediato.

- Yo tampoco ­ dijo tío Vernon enérgicamente.

- Sabemos que estás tramando algo raro ­ dijo tía Petunia.

- No somos estúpidos, ¿sabes? ­ dijo tío Vernon.

- Eso es una noticia para mí ­ dijo Harry, y antes de que los
Dursley pudieran llamarle de nuevo, se dio la vuelta, cruzó el césped,
saltó por encima del muro del jardín y se fue andando a zancadas por
la calle.


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