6
quieroleer Harry Potter y el cáliz de fuego J- K. Rowling

-Una semana -contestó la fría voz-. O tal vez más. Este lugar es cómodo dentro de lo que
cabe, y todavía no podemos llevar a cabo el plan. Sería una locura hacer algo antes de que
acaben los Mundiales de quidditch.
Frank se hurgó la oreja con uno de sus nudosos dedos. Sin duda debido a un tapón de
cera, había oído la palabra «quidditch», que no existía.
-¿Los... los Mundiales de quidditch, señor? -preguntó Colagusano. Frank se hurgó aún
con más fuerza-. Perdonadme, pero... no comprendo. ¿Por qué tenemos que esperar a que
acaben los Mundiales?
-Porque en este mismo momento están llegando al país magos provenientes del mundo
entero, idiota, y todos los mangoneadores del Ministerio de Magia estarán al acecho de
cualquier signo de actividad anormal, comprobando y volviendo a comprobar la identidad de
todo el mundo. Estarán obsesionados con la seguridad, para evitar que los muggles se den
cuenta de algo. Por eso tenemos que esperar.
Frank desistió de intentar destaponarse el oído. Le habían llegado con toda claridad las
palabras «magos», «muggles» y «Ministerio de Magia». Evidentemente, cada una de aquellas
expresiones tenía un significado secreto, y Frank pensó que sólo había dos tipos de personas
que hablaran en clave: los espías y los criminales. Así pues, aferró el cayado y aguzó el oído.
-¿Debo entender que Su Señoría está decidido? -preguntó Colagusano en voz baja.
-Desde luego que estoy decidido, Colagusano. -Ahora había un tono de amenaza en la
iría voz.
Siguió una ligera pausa, y luego habló Colagusano. Las palabras se le amontonaron por
la prisa, como si quisiera acabar de decir la frase antes de que los nervios se lo impidieran:
-Se podría hacer sin Harry Potter, señor.
Hubo otra pausa, ahora más prolongada, y luego se escuchó musitar a la segunda voz:
-¿Sin Harry Potter? Ya veo...
-¡Señor, no lo digo porque me preocupe el muchacho! -exclamó Colagusano, alzando la
voz hasta convertirla en un chillido-. El chico no significa nada para mí, ¡nada en absoluto!
Sólo lo digo porque si empleáramos a otro mago o bruja, el que fuera, se podría llevar a cabo
con más rapidez. Si me permitierais ausentarme brevemente (ya sabéis que se me da muy bien
disfrazarme), podría regresar dentro de dos días con alguien apropiado.
-Podría utilizar a cualquier otro mago -dijo con suavidad la segunda voz-, es cierto...
-Muy sensato, señor -añadió Colagusano, que parecía sensiblemente aliviado-. Echarle la
mano encima a Harry Potter resultaría muy difícil. Está tan bien protegido...
-¿O sea que te prestas a ir a buscar un sustituto? Me pregunto si tal vez... la tarea de
cuidarme se te ha llegado a hacer demasiado penosa, Colagusano. ¡Quién sabe si tu propuesta
de abandonar el plan no será en realidad un intento de desertar de mi bando!
-¡Señor! Yo... yo no tengo ningún deseo de abandonaros, en absoluto.
-¡No me mientas! -dijo la segunda voz entre dientes-. ¡Sé lo que digo, Colagusano!
Lamentas haber vuelto conmigo. Te doy asco. Veo cómo te estremeces cada vez que me
miras, noto el escalofrío que te recorre cuando me tocas...
-¡No! Mi devoción a Su Señoría...
-Tu devoción no es otra cosa que cobardía. No estarías aquí si tuvieras otro lugar al que
ir. ¿Cómo voy a sobrevivir sin ti, cuando necesito alimentarme cada pocas horas? ¿Quién
ordeñará a Nagini?
-Pero ya estáis mucho más fuerte, señor.
-Mentiroso -musitó la segunda voz-. No me encuentro más fuerte, y unos pocos días
bastarían para hacerme perder la escasa salud que he recuperado con tus torpes atenciones.
¡Silencio!
Colagusano, que había estado barbotando incoherentemente, se calló al instante. Durante
unos segundos, Frank no pudo oír otra cosa que el crepitar de la hoguera. Luego volvió a
hablar el segundo hombre en un siseo que era casi un silbido.
-Tengo mis motivos para utilizar a ese chico, como te he explicado, y no usaré a ningún
6

quieroleer

6