J- K. Rowling 319
quieroleer Harry Potter y el cáliz de fuego
Maxime de su madre!
-¡Exacto! -confirmó Hermione-. Y Viktor Krum me quitó un escarabajo del pelo después
de nuestra conversación junto al lago. Y, si no me equivoco, Rita estaría en el alféizar de la
clase de Adivinación el día en que te dolió la cicatriz. Se ha pasado el año revoloteando por
ahí en busca de historias.
-Cuando vimos a Malfoy debajo de aquel árbol... -dijo Ron pensativo.
-Estaba contándole cosas, la tenía en la mano -continuó Hermione-. Por supuesto, él lo
sabía. Así es como ella ha obtenido esas entrevistas tan encantadoras con los de Slytherin. A
ellos les daba igual que ella estuviera haciendo algo ilegal mientras pudieran contarle cosas
horribles sobre nosotros y Hagrid.
Hermione cogió el tarro de cristal que le había pasado a Ron, y sonrió al escarabajo, que
revoloteaba pegándose furiosos golpes contra el cristal.
-Le he explicado que la dejaré salir cuando lleguemos a Londres. Al tarro le he echado un
encantamiento irrompibilizador, para que ella no pueda transformarse. Y ya sabe que tiene
que estar calladita un año entero. Veremos si puede dejar el hábito de escribir horribles
mentiras sobre la gente.
Sonriendo serenamente, Hermione volvió a meter el escarabajo en la mochila.
La puerta del compartimiento se abrió.
-Muy lista, Granger -dijo Draco Malfoy.
Crabbe y Goyle estaban tras él. Los tres parecían más satisfechos, arrogantes y
amenazadores que nunca.
-O sea que has pillado a esa patética periodista -añadió Malfoy pensativamente,
asomándose y mirándolos con una leve sonrisa en los labios-, y Potter vuelve a ser el niño
favorito de Dumbledore. Mola. -Su sonrisa se acentuó. Crabbe y Goyle también los miraban
con sonrisas malévolas-. Intentando no pensar en ello, ¿eh? ¿Haciendo como si no hubiera
ocurrido?
-Fuera -dijo Harry.
No había vuelto a tener a Malfoy cerca desde que lo había visto cuchichear con Crabbe y
Goyle durante el discurso de Dumbledore sobre Cedric. Sintió un zumbido en los oídos. Bajo
la túnica, su mano agarró la varita.
-¡Has elegido el bando perdedor, Potter! ¡Te lo advertí! Te dije que debías escoger tus
compañías con más cuidado, ¿recuerdas? Cuando nos encontramos en el tren, el día de
nuestro ingreso en Hogwarts. ¡Te dije que no anduvieras con semejante chusma! -señaló con
la cabeza a Ron y Hermione-. ¡Ya es demasiado tarde, Potter! ¡Ahora que ha retornado el
Señor Tenebroso, los sangre sucia y los amigos de los muggles serán los primeros en caer!
Bueno, los primeros no, los segundos: el primero ha sido Digg...
Fue como si alguien hubiera encendido una caja de bengalas en el compartimiento.
Cegado por el resplandor de los encantamientos que habían partido de todas direcciones,
ensordecido por los estallidos, Harry parpadeó y miró al suelo.
Malfoy, Crabbe y Goyle estaban inconscientes en el hueco de la puerta. Harry, Ron y
Hermione se habían puesto de pie después de lanzarles distintos maleficios. Y no eran los
únicos que lo habían hecho.
-Quisimos venir a ver qué buscaban estos tres -dijo Fred como sin querer la cosa, pisando
a Goyle para entrar en el compartimiento. Había sacado la varita, igual que George, que tuvo
buen cuidado de pisar a Malfoy al entrar tras Fred.
-Un efecto interesante -dijo George mirando a Crabbe-. ¿Quién le lanzó la maldición
furnunculus?
-Yo -admitió Harry.
-Curioso -comentó George-. Yo le lancé el embrujo piernas de gelatina. Se ve que no hay
que mezclarlos: se le ha llenado la cara de tentáculos. Vamos a sacarlos de aquí, no pegan con
la decoración.
Ron, Harry y George los sacaron al pasillo empujándolos con los pies. No se sabía cuál
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