J- K. Rowling 309
quieroleer Harry Potter y el cáliz de fuego
-Desde luego que lo acepto -respondió Dumbledore, con un fulgor en los ojos-. He oído
la confesión de Crouch y he oído el relato de Harry de lo que ocurrió después de que tocara la
Copa: las dos historias encajan y explican todo lo sucedido desde que el verano pasado
desapareció Bertha Jorkins.
Fudge conservaba en la cara la extraña sonrisa. Volvió a mirar a Harry antes de
responder:
-¿Vas a creer que ha retornado lord Voldemort porque te lo dicen un loco asesino y un
niño que...? Bueno...
Le dirigió a Harry otra mirada, y éste comprendió de pronto.
-Señor Fudge, ¡usted ha leído a Rita Skeeter! -dijo en voz baja.
Ron, Hermione, Bill y la señora Weasley se sobresaltaron: ninguno se había dado cuenta
de que Harry estaba despierto. Fudge enrojeció un poco, pero su rostro adquirió una expresión
obstinada y desafiante.
-¿Y qué si lo he hecho? -soltó, dirigiéndose a Dumbledore-. ¿Qué pasa si he descubierto
que has estado ocultando ciertos hechos relativos a este niño? Conque habla pársel, ¿eh? ¿Y
conque monta curiosos numeritos por todas partes?
-Supongo que te refieres a los dolores de la cicatriz -dijo Dumbledore con frialdad.
-¿O sea que admites que ha tenido dolores? -replicó Fudge-. ¿Dolores de cabeza,
pesadillas? ¿Tal vez... alucinaciones?
-Escúchame, Cornelius -dijo Dumbledore dando un paso hacia Fudge, y volvió a irradiar
aquella indefinible fuerza que Harry había percibido en él después de que había aturdido al
joven Crouch-. Harry está tan cuerdo como tú y yo. La cicatriz que tiene en la frente no le ha
reblandecido el cerebro. Creo que le duele cuando lord Voldemort está cerca o cuando se
siente especialmente furioso.
Fudge retrocedió medio paso para separarse un poco de Dumbledore, pero no cedió en
absoluto.
-Me tendrás que perdonar, Dumbledore, pero nunca había oído que una cicatriz actúe de
alarma...
-¡Mire, he presenciado el retorno de Voldemort! -gritó Harry. Intentó volver a salir de la
cama, pero la señora Weasley se lo impidió-. ¡He visto a los mortífagos! ¡Puedo darle los
nombres! Lucius Malfoy...
Snape hizo un movimiento repentino; pero, cuando Harry lo miró, sus ojos estaban
puestos otra vez en Fudge.
-¡Malfoy fue absuelto! -dijo Fudge, visiblemente ofendido-. Es de una familia de
raigambre... y entrega donaciones para excelentes causas...
-¡Macnair! -prosiguió Harry.
-¡También fue absuelto! ¡Y trabaja para el Ministerio!
-Avery... Nott... Crabbe... Goyle...
-¡No haces más que repetir los nombres de los que fueron absueltos hace trece años del
cargo de pertenencia a los mortífagos! -dijo Fudge enfadado-. ¡Debes de haber visto esos
nombres en antiguas crónicas de los juicios! Por las barbas de Merlín, Dumbledore... Este
niño ya se vio envuelto en una historia ridícula al final del curso anterior... Los cuentos que se
inventa son cada vez más exagerados, y tú te los sigues tragando. Este niño habla con las
serpientes, Dumbledore, ¿y todavía confías en él?
-¡No sea necio! -gritó la profesora McGonagall-. Cedric Diggory, el señor Crouch: ¡esas
muertes no son el trabajo casual de un loco!
-¡No veo ninguna prueba de lo contrario! -vociferó Fudge, igual de airado que ella y con
la cara colorada-. ¡Me parece que estáis decididos a sembrar un pánico que desestabilice todo
lo que hemos estado construyendo durante trece años!
Harry no podía dar crédito a sus oídos. Siempre había visto a Fudge como alguien
bondadoso: un poco jactancioso, un poco pomposo, pero básicamente bueno. Sin embargo, lo
que en aquel momento tenía ante él era un mago pequeño y furioso que se negaba
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