J- K. Rowling 289
quieroleer Harry Potter y el cáliz de fuego

magia oscura) necesitaría tres ingredientes muy poderosos. Bueno, uno de ellos ya estaba a
mano, ¿verdad, Colagusano? Carne ofrecida por un vasallo...
»El hueso de mi padre, naturalmente, nos obligaba a desplazarnos a este lugar, donde
está enterrado. Pero la sangre de un enemigo... Si por Colagusano hubiera sido, habría
utilizado la de cualquier mago, ¿verdad? Cualquier mago que me odiara... ¡y hay tantos que
todavía lo hacen! Pero yo sabía a quién tenía que usar si quería ser aun más fuerte de lo que
había sido antes de mi caída: quería la sangre de Harry Potter, quería la sangre del que me
había desprovisto de fuerza trece años antes, para que la persistente protección que una vez le
dio su madre residiera también en mis venas.
»Pero ¿cómo atrapar a Harry Potter? Porque ha estado mejor protegido de lo que incluso
él imagina, protegido por medios ingeniados hace tiempo por Dumbledore, cuando se ocupó
del futuro del muchacho. Dumbledore invocó magia muy antigua para asegurarse de que el
niño no sufría daño mientras se hallaba al cuidado de sus parientes. Ni siquiera yo podía
tocarlo allí... Luego, naturalmente, estaban los Mundiales de quldditch. Pensé que su
protección se debilitaría en el estadio, lejos de sus parientes y de Dumbledore, pero yo todavía
no me encontraba lo bastante fuerte para intentar secuestrarlo en medio de una horda de
magos del Ministerio. Y después el muchacho volvería a Hogwarts, donde desde la mañana a
la noche estaría bajo la nariz aguileña de ese loco amigo de los muggles. Así que ¿cómo podía
atraparlo?
»Pues, por supuesto, aprovechándome de la información de Bertha: usando a mi único
mortífago fiel, establecido en Hogwarts, para asegurarme de que el nombre del muchacho
entraba en el cáliz de fuego, usándolo para asegurarme de que el muchacho ganaba el
Torneo... de que era el primero en tocar la copa, la Copa que mi mortífago habría convertido
en un traslador que lo traería aquí, lejos de la protección de Dumbledore, a mis brazos
expectantes. Y aquí está... el muchacho que todos vosotros creíais que había sido «mi caída».
Voldemort avanzó lentamente, y volvió su rostro a Harry. Levantó su varita.
-¡Crucio!
Fue un dolor muy superior a cualquier otro que Harry hubiera sufrido nunca: los huesos
le ardieron, la cabeza parecía que se le iba a partir por la cicatriz, los ojos le daban vueltas
como locos. Deseó que terminara... perder el conocimiento... morir...
Y luego cesó. Su cuerpo quedó colgado, sin fuerzas, de las cuerdas que lo ataban a la
lápida del padre de Voldemort, y miró aquellos brillantes ojos rojos a través de una especie de
niebla. Las carcajadas de los mortífagos resonaban en la noche.
-Creo que veis lo estúpido que es pensar que este niño haya sido alguna vez más fuerte
que yo -dijo Voldemort-. Pero no quiero que queden dudas en la mente de nadie.
Harry Potter se libró de mí por pura suerte. Y ahora demostraré mi poder matándolo, aquí
y ahora, delante de todos vosotros, sin un Dumbledore que lo ayude ni una madre que muera
por él. Le daré una oportunidad. Tendrá que luchar, y no os quedará ninguna duda de quién de
nosotros es el más fuerte. Sólo un poquito más, Nagini -susurró, y la serpiente se retiró
deslizándose por la hierba hacia los mortífagos-. Ahora, Colagusano, desátalo y devuélvele la
varita.



34

Priori incantatem

Colagusano se acercó a Harry, que intentó sacudirse su aturdimiento y apoyar en los pies el
peso del cuerpo antes de que le desataran las cuerdas. Colagusano levantó su nueva mano
plateada, le sacó la bola de tela de la boca, y luego, de un solo golpe, cortó todas las ataduras
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