J- K. Rowling 279
quieroleer Harry Potter y el cáliz de fuego

de las pinzas. Trató de levantarse, pero la pierna le temblaba y se negaba a soportar el peso de
su cuerpo. Se apoyó en el seto, falto de aire, y miró a su alrededor.
Cedric estaba a muy poca distancia de la Copa de los tres magos, que brillaba tras él.
-Cógela -le dijo Harry sin aliento-. Vamos, cógela. Ya has llegado.
Pero Cedric no se movió. Se quedó allí, mirando a Harry. Luego se volvió para
observarla. Harry vio la expresión de anhelo en su rostro, iluminado por el resplandor dorado
de la Copa. Cedric volvió a mirar a Harry, que se agarraba ahora al seto para sostenerse en
pie.
Cedric respiró hondo y dijo:
-Cógela tú. Tú mereces ganar: me has salvado la vida dos veces.
-No es así el Torneo -replicó Harry.
Estaba irritado: la pierna le dolía muchísimo, y tenía todo el cuerpo magullado por sus
forcejeos con la araña; pero, después de todos sus esfuerzos, Cedric había llegado antes, igual
que había llegado antes a pedirle a Cho que fuera su pareja de baile.
-El primero que llega a la Copa gana. Y el primero has sido tú. Te lo estoy diciendo: yo
no puedo ganar ninguna competición con esta pierna.
Cedric se acercó un poco más a la araña desmayada, alejándose de la Copa y negando
con la cabeza.
-No -dijo.
-¡Deja de hacer alardes de nobleza! -exclamó Harry irritado-. No tienes más que cogerla,
y podremos salir de aquí.
Cedric observó cómo se agarraba al seto para mantenerse en pie.
-Tú me dijiste lo de los dragones -recordó Cedric-. Yo habría caído en la primera prueba
si no me lo hubieras dicho.
-A mí también me lo dijeron -espetó Harry, tratando de limpiarse con la túnica la sangre
de la pierna-. Y luego tú me ayudaste con el huevo: estamos en paz.
-También a mí me ayudaron con el huevo.
-Seguimos estando en paz -repuso Harry, probando con cautela la pierna, que tembló
violentamente al apoyar el peso sobre ella. Se había torcido el tobillo cuando la araña lo había
dejado caer.
-Te merecías más puntos en la segunda prueba -dijo Cedric tercamente-. Te rezagaste
porque querías salvar a todos los rehenes. Es lo que tendría que haber hecho yo.
-¡Sólo yo fui lo bastante tonto para tomarme en serio la canción! -contestó Harry con
amargura-. ¡Coge la Copa!
-No -contestó Cedric, dando unos pasos más hacia Harry.
Éste vio que Cedric era sincero. Quería renunciar a un tipo de gloria que la casa de
Hufflepuff no había conquistado desde hacía siglos.
-Vamos, cógela tú -dijo Cedric. Era como si le costara todas sus fuerzas, pero había
cruzado los brazos y su rostro no dejaba lugar a dudas: estaba decidido.
Harry miró alternativamente a Cedric y a la Copa. Por un instante esplendoroso, se vio
saliendo del laberinto con ella. Se vio sujetando en alto la Copa de los tres magos, oyó el
clamor de la multitud, vio el rostro de Cho embriagado de admiración, más nítido de lo que lo
había visto nunca... y luego la imagen se desvaneció y volvió a ver la expresión seria y firme
de Cedric.
-Vamos los dos -propuso Harry.
-¿Qué?
-La cogeremos los dos al mismo tiempo. Será la victoria de Hogwarts. Empataremos.
Cedric observó a Harry. Descruzó los brazos.
-¿Es... estás seguro?
-Sí -afirmó Harry-. Sí... Nos hemos ayudado el uno al otro, ¿no? Los dos hemos llegado
hasta aquí. Tenemos que cogerla juntos.
Por un momento pareció que Cedric no daba crédito a sus oídos. Luego sonrió.
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