27
quieroleer Harry Potter y el cáliz de fuego J- K. Rowling
porque Ginny miraba con curiosidad tan pronto a Ron como a Harry-. ¿Qué tal si bajamos y
ayudamos a vuestra madre con la cena?
-De acuerdo -aceptó Ron.
Los cuatro salieron de la habitación de Ron, bajaron la escalera y encontraron a la señora
Weasley sola en la cocina, con aspecto de enfado.
-Vamos a comer en el jardín -les dijo en cuanto entraron-. Aquí no cabemos once
personas. ¿Podríais sacar los platos, chicas? Bill y Charlie están colocando las mesas.
Vosotros dos, llevad los cubiertos -les dijo a Ron y a Harry. Con más fuerza de la debida,
apuntó con la varita a un montón de patatas que había en el fregadero, y éstas salieron de sus
mondas tan velozmente que fueron a dar en las paredes y el techo-. ¡Dios mío! -exclamó,
apuntando con la varita al recogedor, que saltó de su lugar y empezó a moverse por el suelo
recogiendo las patatas-. ¡Esos dos! -estalló de pronto, mientras sacaba cazuelas del armario.
Harry comprendió que se refería a Fred y a George-. No sé qué va a ser de ellos, de verdad
que no lo sé. No tienen ninguna ambición, a menos que se considere ambición dar tantos
problemas como pueden.
Depositó ruidosamente en la mesa de la cocina una cazuela grande de cobre y comenzó a
dar vueltas a la varita dentro de la cazuela. De la punta salía una salsa cremosa conforme iba
removiendo.
-No es que no tengan cerebro -prosiguió irritada, mientras llevaba la cazuela a la cocina y
encendía el fuego con otro toque de la varita-, pero lo desperdician, y si no cambian pronto, se
van a ver metidos en problemas de verdad. He recibido más lechuzas de Hogwarts por causa
de ellos que de todos los demás juntos. Si continúan así terminarán en el Departamento
Contra el Uso Indebido de la Magia.
La señora Weasley tocó con la varita el cajón de los cubiertos, que se abrió de golpe.
Harry y Ron se quitaron de en medio de un salto cuando algunos de los cuchillos salieron del
cajón, atravesaron volando la cocina y se pusieron a cortar las patatas que el recogedor
acababa de devolver al fregadero.
-No sé en qué nos equivocamos con ellos -dijo la señora Weasley posando la varita y
sacando más cazuelas-. Llevamos años así, una cosa detrás de otra, y no hay manera de que
entiendan... ¡OH, NO, OTRA VEZ!
Al coger la varita de la mesa, ésta lanzó un fuerte chillido y se convirtió en un ratón de
goma gigante.
-¡Otra de sus varitas falsas! -gritó-. ¿Cuántas veces les he dicho a esos dos que no las
dejen por ahí?
Cogió su varita auténtica, y al darse la vuelta descubrió que la salsa humeaba en el fuego.
-Vamos -le dijo Ron a Harry apresuradamente, cogiendo un puñado de cubiertos del
cajón-. Vamos a echarles una mano a Bill y a Charlie.
Dejaron sola a la señora Weasley y salieron al patio por la puerta de atrás.
Apenas habían dado unos pasos cuando Crookshanks, el gato color canela y patizambo
de Hermione, salió del jardín a toda velocidad con su cola de cepillo enhiesta y persiguiendo
lo que parecía una patata con piernas llenas de barro. Harry recordó que aquello era un
gnomo. Con su palmo de altura, golpeaba en el suelo con los pies como los palillos en un
tambor mientras corría a través del patio, y se zambulló de cabeza en una de las botas de
goma que había junto a la puerta. Harry oyó al gnomo riéndose a mandíbula batiente mientras
Crookshanks metía la pata en la bota intentando atraparlo. Al mismo tiempo, desde el otro
lado de la casa llegó un ruido como de choque. Comprendieron qué era lo que había causado
el ruido cuando entraron en el jardín y vieron que Bill y Charlie blandían las varitas haciendo
que dos mesas viejas y destartaladas volaran a gran altura por encima del césped, chocando
una contra otra e intentando hacerse retroceder mutuamente. Fred y George gritaban entusias-
mados, Ginny se reía y Hermione rondaba por el seto, aparentemente dividida entre la
diversión y la preocupación.
La mesa de Bill se estrelló contra la de Charlie con un enorme estruendo y le rompió una
27
quieroleer
|
|