J- K. Rowling 259
quieroleer Harry Potter y el cáliz de fuego
Karkarov.
A diferencia de Dumbledore, Karkarov parecía mucho más joven: tenía negros el cabello
y la perilla. No llevaba sus lustrosas pieles, sino una túnica delgada y raída.
Temblaba. Ante los ojos de Harry, las cadenas de los brazos de la silla emitieron un
destello dorado y solas se enroscaron como serpientes en torno a sus brazos, sujetándolo a la
silla.
-Igor Karkarov -dijo una voz seca que provenía de la izquierda de Harry. Éste se volvió y
vio al señor Crouch de pie ante el banco que había a su lado. Crouch tenía el pelo oscuro, el
rostro mucho menos arrugado, y parecía fuerte y enérgico-. Se lo ha traído a este lugar desde
Azkaban para prestar declaración ante el Ministerio de Magia. Usted nos ha dado a entender
que dispone de información importante para nosotros.
Sujeto a la silla como estaba, Karkarov se enderezó cuanto pudo.
-Así es, señor -dijo, y, aunque la voz le temblaba, Harry pudo percibir en ella el conocido
deje empalagoso-. Quiero ser útil al Ministerio. Quiero ayudar. Sé... sé que el Ministerio está
tratando de atrapar a los últimos partidarios del Señor Tenebroso. Mi deseo es ayudar en todo
lo que pueda...
Se escuchó un murmullo en los bancos. Algunos de los magos y brujas examinaban a
Karkarov con interés, otros con declarado recelo. Harry oyó, muy claramente y procedente del
otro lado de Dumbledore, una voz gruñona que le resultó conocida y que pronunció la
palabra:
-Escoria.
Se inclinó hacia delante para ver quién estaba al otro lado de Dumbledore. Era Ojoloco
Moody, aunque con aspecto muy diferente. No tenía ningún ojo mágico, sino dos normales,
ambos fijos en Karkarov y relucientes de rabia.
-Crouch va a soltarlo -musitó Moody dirigiéndose a Dumbledore-. Ha llegado a un trato
con él. Me ha costado seis meses encontrarlo, y Crouch va a dejarlo marchar con tal de que
pronuncie suficientes nombres nuevos. Si por mí fuera, oiríamos su información y luego lo
mandaríamos de vuelta con los dementores.
Por su larga nariz aguileña, Dumbledore dejó escapar un pequeño resoplido en señal de
desacuerdo.
-¡Ah!, se me olvidaba... No te gustan los dementores, ¿eh, Albus? -dijo Moody con
sarcasmo.
-No -reconoció Dumbledore con tranquilidad-, me temo que no. Hace tiempo que pienso
que el Ministerio se ha equivocado al aliarse con semejantes criaturas.
-Pero con escoria semejante... -replicó Moody en voz baja.
-Dice usted, Karkarov, que tiene nombres que ofrecernos -dijo el señor Crouch-. Por
favor, déjenos oírlos.
-Tienen que comprender -se apresuró a decir Karkarov- que El-que-no-debe-ser-
nombrado actuaba siempre con el secretismo más riguroso... Prefería que nosotros... quiero
decir, sus partidarios (y ahora lamento, muy profundamente, haberme contado entre ellos)...
-No te enrolles -dijo Moody con desprecio.
-... no supiéramos los nombres de todos nuestros compañeros. Él era el único que nos
conocía a todos.
-Muy inteligente por su parte, para evitar que gente como tú, Karkarov, pudiera
delatarlos a todos -murmuró Moody.
-Aun así, usted dice que dispone de algunos nombres que ofrecernos -observó el señor
Crouch.
-Sí... sí -contestó Karkarov entrecortadamente-. Y son nombres de partidarios
importantes. Gente a la que vi con mis propios ojos cumpliendo sus órdenes. Ofrezco al
Ministerio esta información como prueba de que renuncio a él plena y totalmente, y que me
embarga un arrepentimiento tan profundo que a duras penas puedo...
-¿Y esos nombres son...? -lo cortó el señor Crouch.
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