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quieroleer Harry Potter y el cáliz de fuego J- K. Rowling

comprendió que el ruido había hecho salir a Dudley de la cocina. Fue caminando pegado a la
pared, vigilando al señor Weasley con ojos desorbitados, e intentó ocultarse detrás de sus
padres. Por desgracia, las dimensiones de tío Vernon, que bastaban para ocultar a la delgada
tía Petunia, de ninguna manera podían hacer lo mismo con Dudley.
-¡Ah, éste es tu primo!, ¿no, Harry? -dijo el señor Weasley, tratando de entablar
conversación.
-Sí -dijo Harry-, es Dudley.
Él y Ron se miraron y luego apartaron rápidamente la vista. La tentación de echarse a reír
fue casi irresistible. Dudley seguía agarrándose el trasero como si tuviera miedo de que se le
cayera. El señor Weasley, en cambio, parecía sinceramente preocupado por el peculiar
comportamiento de Dudley. Por el tono de voz que empleó al volver a hablar, Harry
comprendió que el señor Weasley suponía a Dudley tan mal de la cabeza como los Dursley lo
suponían a él, con la diferencia de que el señor Weasley sentía hacia el muchacho más
conmiseración que miedo.
-¿Estás pasando unas buenas vacaciones, Dudley? -preguntó cortésmente.
Dudley gimoteó. Harry vio que se agarraba aún con más fuerza el enorme trasero.
Fred y George regresaron a la sala, transportando el baúl escolar de Harry. Miraron a su
alrededor en el momento en que entraron y distinguieron a Dudley. Se les iluminó la cara con
idéntica y maligna sonrisa.
-¡Ah, bien! -dijo el señor Weasley-. Será mejor darse prisa.
Se remangó la túnica y sacó la varita. Harry vio a los Dursley echarse atrás contra la
pared, como si fueran uno solo.
-¡Incendio! -exclamó el señor Weasley, apuntando con su varita al orificio que había en
la pared.
De inmediato apareció una hoguera que crepitó como si llevara horas encendida. El señor
Weasley se sacó del bolsillo un saquito, lo desanudó, cogió un pellizco de polvos de dentro y
lo echó a las llamas, que adquirieron un color verde esmeralda y llegaron más alto que antes.
-Tú primero, Fred -indicó el señor Weasley.
-Voy -dijo Fred-. ¡Oh, no! Esperad...
A Fred se le cayó del bolsillo una bolsa de caramelos, y su contenido rodó en todas
direcciones: grandes caramelos con envoltorios de vivos colores.
Fred los recogió a toda prisa y los metió de nuevo en los bolsillos; luego se despidió de
los Dursley con un gesto de la mano y avanzó hacia el fuego diciendo: «¡La Madriguera!» Tía
Petunia profirió un leve grito de horror. Se oyó una especie de rugido en la hoguera, y Fred
desapareció.
-Ahora tú, George -dijo el señor Weasley-. Con el baúl.
Harry ayudó a George a llevar el baúl hasta la hoguera, y lo puso de pie para que pudiera
sujetarlo mejor. Luego, gritó «¡La Madriguera!», se volvió a oír el rugido de las llamas y
George desapareció a su vez.
-Te toca, Ron -indicó el señor Weasley.
-Hasta luego -se despidió alegremente Ron. Tras dirigirle a Harry una amplia sonrisa,
entró en la hoguera, gritó «¡La Madriguera!» y desapareció.
Ya sólo quedaban Harry y el señor Weasley.
-Bueno... Pues adiós -les dijo Harry a los Dursley.
Pero ellos no respondieron. Harry avanzó hacia el fuego; pero, justo cuando llegaba ante
él, el señor Weasley lo sujetó con una mano. Observaba atónito a los Dursley.
-Harry les ha dicho adiós -dijo-. ¿No lo han oído?
-No tiene importancia -le susurró Harry al señor Weasley-. De verdad, me da igual.
Pero el señor Weasley no le quitó la mano del hombro.
-No va a ver a su sobrino hasta el próximo verano -dijo indignado a tío Vernon-. ¿No
piensa despedirse de él?
El rostro de tío Vernon expresó su ira. La idea de que un hombre que había armado aquel
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