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quieroleer Harry Potter y el cáliz de fuego J- K. Rowling
-Sí, nos lo estamos pasando en grande -añadió George, cuya voz sonaba ahogada, como
si lo estuvieran aplastando contra la pared.
-Muchachos, muchachos... -dijo vagamente el señor Weasley-. Estoy intentando pensar
qué podemos hacer... Sí... el único modo... Harry, échate atrás.
Harry se retiró hasta el sofá, pero tío Vernon dio un paso hacia delante.
-¡Esperen un momento! -bramó en dirección a la chimenea-. ¿Qué es lo que pretenden...?
¡BUM!
La estufa eléctrica salió disparada hasta el otro extremo de la sala cuando todas las tablas
que tapaban la chimenea saltaron de golpe y expulsaron al señor Weasley, Fred, George y
Ron entre una nube de escombros y gravilla suelta. Tía Petunia dio un grito y cayó de
espaldas sobre la mesita del café. Tío Vernon la cogió antes de que pegara contra el suelo, y
se quedó con la boca abierta, sin habla, mirando a los Weasley, todos con el pelo de color rojo
vivo, incluyendo a Fred y George, que eran idénticos hasta el último detalle.
-Así está mejor -dijo el señor Weasley, jadeante, sacudiéndose el polvo de la larga túnica
verde y colocándose bien las gafas-. ¡Ah, ustedes deben de ser los tíos de Harry!
Alto, delgado y calvo, se dirigió hacia tío Vernon con la mano tendida, pero tío Vernon
retrocedió unos pasos para alejarse de él, arrastrando a tía Petunia e incapaz de pronunciar una
palabra. Tenía su mejor traje cubierto de polvo blanco, así como el cabello y el bigote, lo que
lo hacía parecer treinta años más viejo.
-Eh... bueno... disculpe todo esto -dijo el señor Weasley, bajando la mano y observando
por encima del hombro el estropicio de la chimenea-. Ha sido culpa mía: no se me ocurrió que
podía estar cegada. Hice que conectaran su chimenea a la Red Flu, ¿sabe? Sólo por esta tarde,
para que pudiéramos recoger a Harry. Se supone que las chimeneas de los muggles no deben
conectarse... pero tengo un conocido en el Equipo de Regulación de la Red Flu que me ha
hecho el favor. Puedo dejarlo como estaba en un segundo, no se preocupe. Encenderé un
fuego para que regresen los muchachos, y repararé su chimenea antes de desaparecer yo
mismo.
Harry sabía que los Dursley no habían entendido ni una palabra. Seguían mirando al
señor Weasley con la boca abierta, estupefactos. Con dificultad, tía Petunia se alzó y se ocultó
detrás de tío Vernon.
-¡Hola, Harry! -saludó alegremente el señor Weasley-. ¿Tienes listo el baúl?
-Arriba, en la habitación -respondió Harry, devolviéndole la sonrisa.
-Vamos por él -dijo Fred de inmediato. Él y George salieron de la sala guiñándole un ojo
a Harry. Sabían dónde estaba su habitación porque en una ocasión lo habían ayudado a
fugarse de ella en plena noche. A Harry le dio la impresión de que Fred y George esperaban
echarle un vistazo a Dudley, porque les había hablado mucho de él.
-Bueno -dijo el señor Weasley, balanceando un poco los brazos mientras trataba de
encontrar palabras con las que romper el incómodo silencio-. Tie... tienen ustedes una casa
muy agradable.
Como la sala habitualmente inmaculada se hallaba ahora cubierta de polvo y trozos de
ladrillo, este comentario no agradó demasiado a los Dursley. El rostro de tío Vernon se tiñó
otra vez de rojo, y tía Petunia volvió a quedarse boquiabierta. Pero tanto uno como otro
estaban demasiado asustados para decir nada.
El señor Weasley miró a su alrededor. Le fascinaba todo lo relacionado con los muggles.
Harry lo notó impaciente por ir a examinar la televisión y el vídeo.
-Funcionan por eclectricidad, ¿verdad? -dijo en tono de entendido-. ¡Ah, sí, ya veo los
enchufes! Yo colecciono enchufes -añadió dirigiéndose a tío Vernon-. Y pilas. Tengo una
buena colección de pilas. Mi mujer cree que estoy chiflado, pero ya ve.
Era evidente que tío Vernon era de la misma opinión que la señora Weasley. Se movió
ligeramente hacia la derecha para ponerse delante de tía Petunia, como si pensara que el señor
Weasley podía atacarlos de un momento a otro.
Dudley apareció de repente en la sala. Harry oyó el golpeteo del baúl en los peldaños y
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