J- K. Rowling 209
quieroleer Harry Potter y el cáliz de fuego

ingredientes de pociones... Sin duda, alumnos que tratan de probar mezclas prohibidas.
-¿Piensas que buscaban ingredientes de pociones? -dijo Moody-. ¿No escondes nada más
en tu despacho?
Harry vio que la cetrina cara de Snape adquiría un desagradable color teja, y la vena de la
sien palpitaba con más rapidez.
-Sabes que no, Moody -respondió en voz peligrosamente suave-, porque tú mismo lo has
examinado exhaustivamente.
La cara de Moody se contorsionó en una terrible sonrisa.
-Privilegio de auror, Snape. Dumbledore me dijo que echara un ojo...
-Resulta que Dumbledore confía en mí -dijo Snape, con los dientes apretados-. ¡Me niego
a creer que él te diera órdenes de husmear en mi despacho!
-¡Por supuesto que Dumbledore confía en ti! -gruñó Moody-. Es un hombre confiado,
¿no? Cree que hay que dar una segunda oportunidad. Yo, en cambio, pienso que hay manchas
que no se quitan. Manchas que no se quitan nunca, ¿me entiendes?
Snape hizo de repente algo muy extraño. Se agarró convulsivamente el antebrazo
izquierdo con la mano derecha, como si algo le doliera.
Moody se rió.
-Vuelve a la cama, Snape.
-¡Tú no tienes autoridad para enviarme a ningún lado! -replicó Snape con furia contenida,
soltando el brazo como enojado consigo mismo-. Tengo tanto derecho como tú a hacer la
ronda nocturna de este colegio.
-Pues sigue haciendo la ronda -contestó Moody, pero su voz resultaba amenazante-. Me
muero de ganas de pillarte alguna vez en algún oscuro corredor... Se te ha caído algo, al
parecer.
Con una punzada de pánico, Harry vio que Moody señalaba el mapa del merodeador, que
seguía tirado en el suelo, seis escalones por debajo de él. Cuando Snape y Filch se volvieron a
mirarlo, Harry abandonó toda prudencia: levantó los brazos bajo la capa y los movió para
llamar la atención de Moody, mientras gesticulaba con la boca «¡es mío!, ¡mío!».
Snape fue a cogerlo; por la expresión de su cara, parecía que empezaba a entender.
-¡Accio pergamino!
El mapa voló por el aire, se deslizó entre los dedos extendidos de Snape y bajó la
escalera hasta la mano de Moody.
-Disculpa -dijo Moody con calma-. Es mío, se me ha debido de caer antes.
Pero los negros ojos de Snape pasaban del huevo en los brazos de Filch al mapa en la
mano de Moody, y Harry se dio cuenta de que estaba atando cabos, como sólo él sabía...
-Potter -murmuró.
-¿Qué pasa? -preguntó Moody muy tranquilo, plegando el mapa y guardándoselo.
-¡Potter! -gruñó Snape, y entonces volvió la cabeza y miró hacia donde estaba Harry,
como si de repente fuera capaz de verlo-. Ese huevo es el de Potter, y ese pergamino
pertenece a Potter. Lo he visto antes, ¡lo reconozco! ¡Potter está por aquí! ¡Potter, con su capa
invisible!
Snape extendió las manos como un ciego y comenzó a subir por la escalera. Harry
hubiera jurado que sus narices de por si grandes se dilataban, intentando descubrir a Harry por
el olfato. Atrapado como estaba, Harry se hizo atrás para evitar los dedos de Snape, pero de
un momento a otro...
-¡Ahí no hay nada, Snape! -bramó Moody-. ¡Pero me encantará contarle al director lo
rápido que pensaste en Harry Potter!
-¿Con qué intención? -inquirió Snape, girando el rostro hacia Moody, pero con las manos
todavía extendidas a sólo unos centímetros del pecho de Harry.
-¡Con la intención de darle una pista sobre quién pudo meter a ese muchacho en el
Torneo! -contestó Moody, acercándose más al inicio de la escalera-. Lo mismo que yo, está
muy interesado en el problema. -La luz de la antorcha titiló en su mutilado rostro, de forma
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