J- K. Rowling 189
quieroleer Harry Potter y el cáliz de fuego
la tienda de artículos de broma de Zonko...
A Percy aquello no le hizo ninguna gracia, y Harry estuvo seguro de que se lo contaría a
su madre en cuanto llegara a su casa. Daba la impresión de que los planes de Fred y George se
habían hecho más ambiciosos de un tiempo a aquella parte, si esperaban vender al público.
Bagman abrió la boca para preguntarle algo a Harry, pero Percy lo distrajo.
-¿Qué tal le parece que va el Torneo, señor Bagman? Nuestro departamento está muy
satisfecho. Por supuesto, fue lamentable el contratiempo con el cáliz de fuego -miró
fugazmente a Harry-, pero desde entonces parece que todo ha ido bien, ¿no cree?
-¡Ah, sí! -dijo Bagman muy alegre-, todo ha resultado muy divertido. ¿Cómo le va al
viejo Barty? Qué pena que no haya podido venir.
-¡Ah, sin duda el señor Crouch no tardará en volver a la carga! -repuso Percy imbuido de
importancia-. Pero, mientras tanto, estoy más que deseoso de mejorar las cosas. Por supuesto,
no todo consiste en asistir a bailes... -Rió despreocupadamente-. Me las he tenido que ver con
asuntos de todo tipo que han surgido en su ausencia. ¿No ha oído que han pillado a Alí Bashir
intentando meter de contrabando en el país un cargamento de alfombras voladoras? Y luego
hemos estado intentando que los transilvanos firmen la Prohibición universal de los duelos.
Tengo una entrevista con el director de su Departamento de Cooperación Mágica para el año
nuevo...
-Vamos a dar una vuelta -le susurró Ron a Harry-. Huyamos de Percy...
Pretextando que iban a buscar más bebida, Harry y Ron dejaron la mesa, rodearon la
zona de baile y salieron al vestíbulo. La puerta principal estaba abierta, y mientras bajaban la
escalinata de piedra distinguieron el centelleo de las luces de colores repartidas por la
rosaleda. Una vez abajo, se encontraron rodeados de arbustos, caminos serpenteantes y
grandes estatuas de piedra. Se oía el rumor del agua, probablemente de una fuente. Aquí y allá
había gente sentada en bancos labrados. Harry y Ron tomaron uno de los caminos que
zigzagueaba entre los rosales, y apenas habían recorrido un corto trecho cuando oyeron una
voz tan conocida como desagradable:
-... no veo a qué viene tanto revuelo, Igor.
-¡No puedes negar lo que está pasando, Severus! -La voz de Karkarov sonaba nerviosa y
muy baja, como si estuviera tomando precauciones para que nadie pudiera oírlo-. Ha
empezado a ser cada vez más evidente durante los últimos meses, y estoy preocupado de
verdad, no lo puedo negar...
-Entonces, huye -dijo la voz de Snape-. Huye: yo te disculparé. Pero yo me quedo en
Hogwarts.
Snape y Karkarov doblaron la esquina. Snape llevaba la varita en la mano, e iba
golpeando los rosales con una expresión de lo más malvada. Muchos de los rosales proferían
chillidos, y de ellos surgían unas formas oscuras.
-¡Diez puntos menos para Hufflepuff, Fawcett! -gruñó Snape, cuando una chica pasó
corriendo por su lado-. ¡Y diez puntos menos para Ravenclaw, Stebbins! -añadió
cuando pasó tras ella un chico-. ¿Y qué hacéis vosotros dos? -preguntó al toparse de
improviso con Ron y Harry.
Karkarov, según notó Harry, pareció asustado de verlos allí. Se llevó nerviosamente la
mano a la perilla y empezó a ensortijarse el pelo con un dedo.
-Estamos paseando -contestó Ron lacónicamente-. No va contra las normas, ¿o sí?
-¡Seguid paseando, entonces! -gruñó Snape, y los rozó al pasar con su larga capa negra,
que se hinchaba tras él.
Karkarov lo siguió apresuradamente. Harry y Ron prosiguieron su camino.
-¿Por qué estará tan preocupado Karkarov? -le cuchicheó Ron.
-¿Y desde cuándo él y Snape se tratan de tú? -dijo Harry pensativamente.
Acababan de llegar hasta una estatua grande de piedra que representaba a un reno del que
salían los surtidores de una alta fuente. Sobre un banco de piedra se veía la oscura silueta de
dos personas muy grandes que contemplaban el agua a la luz de la luna. Y luego Harry oyó
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