J- K. Rowling 179
quieroleer Harry Potter y el cáliz de fuego




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El baile de Navidad

A pesar del sinfín de deberes que les habían puesto a los de cuarto para Navidad, a Harry no
le apetecía ponerse a trabajar al final del trimestre, y se pasó la primera semana de vacaciones
disfrutando todo lo posible con sus compañeros. La torre de Gryffindor seguía casi tan llena
como durante el trimestre, y parecía más pequeña, porque sus ocupantes armaban mucho más
jaleo aquellos días. Fred y George habían cosechado un gran éxito con sus galletas de
canarios, y durante los dos primeros días de vacaciones la gente iba dejando plumas por todas
partes. No tuvo que pasar mucho tiempo, sin embargo, para que los de Gryffindor aprendieran
a tratar con muchísima cautela cualquier cosa de comer que les ofrecieran los demás, por si
había una galleta de canarios oculta, y George le confesó a Harry que estaban desarrollando
un nuevo invento. Harry decidió no aceptar nunca de ellos ni una pipa de girasol. No se le
olvidaba lo de Dudley y el caramelo longuilinguo.
En aquel momento nevaba copiosamente en el castillo y sus alrededores. El carruaje de
Beauxbatons, de color azul claro, parecía una calabaza enorme, helada y cubierta de escarcha,
junto a la cabaña de Hagrid, que a su lado era como una casita de chocolate con azúcar glasé
por encima, en tanto que el barco de Durmstrang tenía las portillas heladas y los mástiles
cubiertos de escarcha. Abajo, en las cocinas, los elfos domésticos se superaban a sí mismos
con guisos calientes y sabrosos, y postres muy ricos. La única que encontraba algo de lo cual
quejarse era Fleur Delacour.
-Toda esta comida de «Hogwag» es demasiado pesada -la oyeron decir una noche en que
salían tras ella del Gran Comedor (Ron se ocultaba detrás de Harry, para que Fleur no lo
viera)-. ¡No voy a «podeg lusig» la túnica!
-¡Ah, qué tragedia! -se burló Hermione cuando Fleur salía al vestíbulo-. Vaya ínfulas,
¿eh?
-¿Con quién vas a ir al baile, Hermione?
Ron le hacía aquella pregunta en los momentos más inesperados para ver si, al pillarla
por sorpresa, conseguía que le contestara. Sin embargo, Hermione no hacía más que mirarlo
con el entrecejo fruncido y responder:
-No te lo digo. Te reirías de mí.
-¿Bromeas, Weasley? -dijo Malfoy tras ellos-. ¡No me dirás que ha conseguido pareja
para el baile! ¿La sangre sucia de los dientes largos?
Harry y Ron se dieron la vuelta bruscamente, pero Hermione saludó a alguien detrás de
Malfoy:
-¡Hola, profesor Moody!
Malfoy palideció y retrocedió de un salto, buscándolo con la mirada, pero Moody estaba
todavía sentado a la mesa de los profesores, terminándose el guiso.
-Eres un huroncito nervioso, ¿eh, Malfoy? -dijo Hermione mordazmente, y ella, Harry y
Ron empezaron a subir por la escalinata de mármol riéndose con ganas.
-Hermione -exclamó de repente Ron, sorprendido-, tus dientes...
-¿Qué les pasa?
-Bueno, que son diferentes... Lo acabo de notar.
-Claro que lo son. ¿Esperabas que siguiera con los colmillos que me puso Malfoy?
-No, lo que quiero decir es que son diferentes de como eran antes de la maldición de
Malfoy. Están rectos y... de tamaño normal.
Hermione les dirigió de repente una sonrisa maliciosa, y Harry también se dio cuenta:
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