J- K. Rowling 159
quieroleer Harry Potter y el cáliz de fuego

bocanada de fuego... que él consiguió esquivar.
-¡Vamos! -lo retó Harry en tono burlón, virando sobre el dragón para provocarlo-.
¡Vamos, ven a atraparme...! Levántate, vamos...
La enorme bestia se alzó al fin sobre las patas traseras y extendió las correosas alas
negras, tan anchas como las de una avioneta, y Harry se lanzó en picado. Antes de que el
dragón comprendiera lo que Harry estaba haciendo ni dónde se había metido, éste iba hacia el
suelo a toda velocidad, hacia los huevos por fin desprotegidos. Soltó las manos de la Saeta de
Fuego... y cogió el huevo de oro.
Y escapó acelerando al máximo, remontando sobre las gradas, con el pesado huevo
seguro bajo su brazo ileso. De repente fue como si alguien hubiera vuelto a subir el volumen:
por primera vez llegó a ser consciente del ruido de la multitud, que aplaudía y gritaba tan
fuerte como la afición irlandesa en los Mundiales.
-¡Miren eso! -gritó Bagman-. ¡Mírenlo! ¡Nuestro paladín más joven ha sido el más rápido
en coger el huevo! ¡Bueno, esto aumenta las posibilidades de nuestro amigo Potter!
Harry vio a los cuidadores de los dragones apresurándose para reducir al colacuerno; y a
la profesora McGonagall, el profesor Moody y Hagrid, que iban a toda prisa a su encuentro
desde la puerta del cercado, haciéndole señas para que se acercara. Aun desde la distancia
distinguía claramente sus sonrisas. Voló sobre las gradas, con el ruido de la multitud
retumbándole en los tímpanos, y aterrizó con suavidad, con una felicidad que no había sentido
desde hacia semanas. Había pasado la primera prueba, estaba vivo...
-¡Excelente, Potter! -dijo bien alto la profesora McGonagall cuando bajó de la Saeta de
Fuego. Viniendo de la profesora McGonagall, aquello era un elogio desmesurado. Le tembló
la mano al señalar el hombro de Harry-. Tienes que ir a ver a la señora Pomfrey antes de que
los jueces muestren la puntuación... Por ahí, ya está terminando con Diggory.
-¡Lo conseguiste, Harry! -dijo Hagrid con voz ronca-. ¡Lo conseguiste! ¡Y eso que te
tocó el colacuerno, y ya sabes lo que dijo Charlie de que era el pe...!
-Gracias, Hagrid -lo cortó Harry para que Hagrid no siguiera metiendo la pata al revelarle
a todo el mundo que había visto los dragones antes de lo debido.
El profesor Moody también parecía encantado. El ojo mágico no paraba de dar vueltas.
-Lo mejor, sencillo y bien, Potter -sentenció.
-Muy bien, Potter. Ve a la tienda de primeros auxilios, por favor -le dijo la profesora
McGonagall.
Harry salió del cercado aún jadeando y vio a la entrada de la segunda tienda a la señora
Pomfrey, que parecía preocupada.
-¡Dragones! -exclamó en tono de indignación, tirando de Harry hacia dentro.
La tienda estaba dividida en cubículos. A través de la tela, Harry distinguió la sombra de
Cedric, que no parecía seriamente herido, por lo menos a juzgar por el hecho de que estaba
sentado. La señora Pomfrey examinó el hombro de Harry, rezongando todo el tiempo.
-El año pasado dementores, este año dragones... ¿Qué traerán al colegio el año que
viene? Has tenido mucha suerte: sólo es superficial. Pero te la tendré que limpiar antes de
curártela.
Limpió la herida con un poquito de líquido púrpura que echaba humo y escocía, pero
luego le dio un golpecito con la varita mágica y la herida se cerró al instante.
-Ahora quédate sentado y quieto durante un minuto. ¡Sentado! Luego podrás ir a ver tu
puntuación. -Salió aprisa del cubículo, y la oyó entrar en el contiguo y preguntar-: ¿Qué tal te
encuentras ahora, Diggory?
Harry no podía quedarse quieto: estaba aún demasiado cargado de adrenalina. Se puso de
pie para asomarse a la puerta, pero antes de que llegara a ella entraron dos personas a toda
prisa: Hermione e, inmediatamente detrás de ella, Ron.
-¡Harry, has estado genial! -le dijo Hermione con voz chillona. Tenía marcas de uñas en
la cara, donde se había apretado del miedo-. ¡Alucinante! ¡De verdad!
Pero Harry miraba a Ron, que estaba muy blanco y miraba a su vez a Harry como si éste
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