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quieroleer Harry Potter y el prisionero de Azkaban J. K. Rowling
-¿Por qué...? -comenzó Harry.
Lupin lo miró y respondió a la pregunta que Harry no había acabado de formular:
-No me he encontrado muy bien -dijo-. Esta poción es lo único que me sana. Es una
suerte tener de compañero al profesor Snape; no hay muchos magos capaces de prepararla.
El profesor Lupin bebió otro sorbo y Harry tuvo el impulso de quitarle la copa de las
manos.
-El profesor Snape está muy interesado por las Artes Oscuras -barbotó.
-¿De verdad? -preguntó Lupin, sin mucho interés, bebiendo otro trago de la poción.
-Hay quien piensa... -Harry dudó, pero se atrevió a seguir hablando-, hay quien piensa
que sería capaz de cualquier cosa para conseguir el puesto de profesor de Defensa Contra las
Artes Oscuras.
Lupin vació la copa e hizo un gesto de desagrado.
-Asqueroso -dijo-. Bien, Harry. Tengo que seguir trabajando. Nos veremos en el
banquete.
-De acuerdo -dijo Harry, dejando su taza de té. La copa, ya vacía, seguía echando humo.
-Aquí tienes -dijo Ron-. Hemos traído todos los que pudimos.
Un chaparrón de caramelos de brillantes colores cayó sobre las piernas de Harry. Ya
había anochecido, y Ron y Hermione acababan de hacer su aparición en la sala común, con la
cara enrojecida por el frío viento y con pinta de habérselo pasado mejor que en toda su vida.
-Gracias -dijo Harry, cogiendo un paquete de pequeños y negros diablillos de pimienta-.
¿Cómo es Hogsmeade? ¿Dónde habéis ido?
A juzgar por las apariencias, a todos los sitios. A Dervish y Banges, la tienda de artículos
de brujería, a la tienda de artículos de broma de Zonko, a Las Tres Escobas, para tomarse unas
cervezas de mantequilla caliente con espuma, y a otros muchos sitios...
-¡La oficina de correos, Harry! ¡Unas doscientas lechuzas, todas descansando en
anaqueles, todas con claves de colores que indican la velocidad de cada una!
Honeydukes tiene un nuevo caramelo: daban muestras gratis. Aquí tienes un poco, mira.
-Nos ha parecido ver un ogro. En Las Tres Escobas hay todo tipo de gente...
-Ojalá te hubiéramos traído cerveza de mantequilla. Realmente te reconforta.
-¿Y tú que has hecho? -le preguntó Hermione-. ¿Has trabajado?
-No -respondió Harry-. Lupin me invitó a un té en su despacho. Y entró Snape...
Les contó lo de la copa. Ron se quedó con la boca abierta.
-¿Y Lupin se la bebió? -exclamó-. ¿Está loco?
Hermione miró la hora.
-Será mejor que vayamos bajando El banquete empezará dentro de cinco minutos
Pasaron por el retrato entre la multitud, todavía hablando de Snape.
-Pero si él..., ya sabéis... -Hermione bajó la voz, mirando a su alrededor con cautela-. Si
intentara envenenar a Lupin, no lo haría delante de Harry.
-Sí, quizá tengas razón -dijo Harry mientras llegaban al vestíbulo y lo cruzaban para
entrar en el Gran Comedor. Lo habían decorado con cientos de calabazas con velas dentro,
una bandada de murciélagos vivos que revoloteaban y muchas serpentinas de color naranja
brillante que caían del techo como culebras de río.
La comida fue deliciosa. Incluso Hermione y Ron, que estaban que reventaban de los
dulces que habían comido en Honeydukes, repitieron. Harry no paraba de mirar a la mesa de
los profesores. El profesor Lupin parecía alegre y más sano que nunca. Hablaba
animadamente con el pequeñísimo profesor Flitwick, que impartía Encantamientos. Harry
recorrió la mesa con la mirada hasta el lugar en que se sentaba Snape. ¿Se lo estaba
imaginando o Snape miraba a Lupin y parpadeaba más de lo normal?
El banquete terminó con una actuación de los fantasmas de Hogwarts. Saltaron de los
muros y de las mesas para llevar a cabo un pequeño vuelo en formación. Nick Casi
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