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quieroleer Harry Potter y el prisionero de Azkaban J. K. Rowling

calma-: La adivinación es una de las ramas más imprecisas de la magia. No os ocultaré que la
adivinación me hace perder la paciencia. Los verdaderos videntes son muy escasos, y la
profesora Trelawney... -Volvió a detenerse y añadió en tono práctico-: Me parece que
tienes una salud estupenda, Potter; así que me disculparás que no te perdone hoy los deberes
de mañana. Te aseguro que si te mueres no necesitarás entregarlos.
Hermione se echó a reír. Harry se sintió un poco mejor. Lejos del aula tenuemente
iluminada por una luz roja y del perfume agobiante, era más difícil aterrorizarse por unas
cuantas hojas de té. Sin embargo, no todo el mundo estaba convencido. Ron seguía
preocupado y Lavender susurró:
-Pero ¿y la taza de Neville?
Cuando terminó la clase de Transformaciones, se unieron a la multitud que se dirigía
bulliciosamente al Gran Comedor; para el almuerzo.
-Animo, Ron -dijo Hermione, empujando hacia él una bandeja de estofado-. Ya has oído
a la profesora McGonagall.
Ron se sirvió estofado con una cuchara y cogió su tenedor; pero no empezó a comer.
-Harry -dijo en voz baja y grave-, tú no has visto en ningún sitio un perro negro y grande,
¿verdad?
-Sí, lo he visto -dijo Harry-. Lo vi la noche que abandoné la casa de los Dursley.
Ron dejó caer el tenedor; que hizo mucho ruido.
-Probablemente, un perro callejero -dijo Hermione muy tranquila.
Ron miró a Hermione como si se hubiera vuelto loca.
-Hermione, si Harry ha visto un Grim, eso es... eso es terrible -aseguró-. Mi tío Bilius vio
uno y.. ¡murió veinticuatro horas más tarde!
-Casualidad -arguyó Hermione sin darle importancia, sirviéndose zumo de calabaza.
-¡No sabes lo que dices! -dijo Ron empezando a enfadarse-. Los Grims ponen los pelos
de punta a la mayoría de los brujos.
-Ahí tienes la prueba -dijo Hermione en tono de superioridad-. Ven al Grim y se mueren
de miedo. El Grim no es un augurio, ¡es la causa de la muerte! Y Harry todavía está con
nosotros porque no es lo bastante tonto para ver uno y pensar: «¡Me marcho al otro barrio!»
Ron movió los labios sin pronunciar nada, para que Hermione comprendiera sin que
Harry se enterase. Hermione abrió la mochila, sacó su libro de Aritmancia y lo apoyó abierto
en la jarra de zumo.
-Creo que la adivinación es algo muy impreciso -dijo buscando una página-; si quieres
saber mi opinión, creo que hay que hacer muchas conjeturas.
-No había nada de impreciso en el Grim que se dibujó en la taza -dijo Ron acalorado.
-No estabas tan seguro de eso cuando le decías a Harry que se trataba de una oveja -
repuso Hermione con serenidad.
-¡La profesora Trelawney dijo que no tenías un aura adecuada para la adivinación! Lo
que pasa es que no te gusta no ser la primera de la clase.
Acababa de poner el dedo en la llaga. Hermione golpeó la mesa con el libro con tanta
fuerza que salpicó carne y zanahoria por todos lados.
-Si ser buena en Adivinación significa que tengo que hacer como que veo augurios de
muerte en los posos del té, no estoy segura de que vaya a seguir estudiando mucho tiempo esa
asignatura. Esa clase fue una porquería comparada con la de Aritmancia.
Cogió la mochila y se fue sin despedirse.
Ron la siguió con la vista, frunciendo el entrecejo.
-Pero ¿de qué habla? ¡Todavía no ha asistido a ninguna clase de Aritmancia!


A Harry le encantó salir del castillo después del almuerzo. La lluvia del día anterior había
terminado; el cielo era de un gris pálido, y la hierba estaba mullida y húmeda bajo sus pies
cuando se pusieron en camino hacia su primera clase de Cuidado de Criaturas Mágicas.
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