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quieroleer Harry Potter y el prisionero de Azkaban J. K. Rowling
Percy frunció el entrecejo.
-Ya vale -dijo la señora Weasley.
-¡Mamá! -dijo Fred, como si acabara de verla, y también le estrechó la mano-. Esto es
fabuloso...
-He dicho que ya vale -dijo la señora Weasley, depositando sus compras sobre una silla
vacía-. Hola, Harry, cariño. Supongo que has oído ya todas nuestras emocionantes noticias. -
Señaló la insignia de plata recién estrenada que brillaba en el pecho de Percy-. El segundo
Premio Anual de la familia -dijo rebosante de orgullo.
-Y último -dijo Fred en un susurro.
-De eso no me cabe ninguna duda -dijo la señora Weasley, frunciendo de repente el
entrecejo-. Ya me he dado cuenta de que no os han hecho prefectos.
-¿Para qué queremos ser prefectos? -dijo George, a quien la sola idea parecía repugnarle-.
Le quitaría a la vida su lado divertido.
Ginny se rió.
-¿Quieres hacer el favor de darle a tu hermana mejor ejemplo? -dijo cortante la señora
Weasley.
-Ginny tiene otros hermanos para que le den buen ejemplo -respondió Percy con altivez-.
Voy a cambiarme para la cena...
Se fue y George dio un suspiro.
-Intentamos encerrarlo en una pirámide -le dijo a Harry-, pero mi madre nos descubrió.
Aquella noche la cena resulto muy agradable. Tom, el tabernero, junto tres mesas del
comedor; y los siete Weasley, Harry y Hermione tomaron los cinco deliciosos platos de la
cena.
-¿Cómo iremos a King's Cross mañana, papá? -preguntó Fred en el momento en que
probaban un suculento pudín de chocolate.
-El Ministerio pone a nuestra disposición un par de coches -respondió el señor Weasley.
Todos lo miraron.
-¿Por qué? -preguntó Percy con curiosidad.
-Por ti, Percy -dijo George muy serio-. Y pondrán banderitas en el capó, con las iniciales
«P. A.» en ellas...
-Por «Presumido del Año» -dijo Fred.
Todos, salvo Percy y la señora Weasley, soltaron una carcajada.
-¿Por qué nos proporciona coches el Ministerio, padre? -preguntó Percy con voz de
circunstancias.
-Bueno, como ya no tenemos coche, me hacen ese favor; dado que soy funcionario.
Lo dijo sin darle importancia, pero Harry notó que las orejas se le habían puesto
coloradas, como las de Ron cuando se azoraba.
-Menos mal -dijo la señora Weasley con voz firme-. ¿Os dais cuenta de la cantidad de
equipaje que lleváis entre unos y otros? Qué buena estampa haríais en el metro muggle... Lo
tenéis ya todo listo, ¿verdad?
-Ron no ha metido aún las cosas nuevas en el baúl -dijo Percy con tono de resignación-.
Las ha dejado todas encima de mi cama.
-Lo mejor es que vayas a preparar el equipaje, Ron, porque mañana por la mañana no
tendremos mucho tiempo -le reprendió la señora Weasley.
Ron miró a Percy con cara de pocos amigos.
Después de la cena todos se sentían algo pesados y adormilados. Uno por uno fueron
subiendo las escaleras hacia las habitaciones, para ultimar el equipaje del día siguiente. La
habitación de Ron y Percy era contigua a la de Harry. Acababa de cerrar su baúl con llave
cuando oyó voces de enfado a través de la pared, y fue a ver qué ocurría.
La puerta de la habitación 12 estaba entreabierta, y Percy gritaba.
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