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quieroleer Harry Potter y el prisionero de Azkaban J. K. Rowling
Para ver mejor a Harry, Stan se volvió en el asiento, con las manos en el respaldo.
-Black era un gran partidario de Quien Tú Sabes -dijo.
-¿Quién? ¿Voldemort? -dijo Harry sin pensar.
Stan palideció hasta los granos. Ernie dio un giro tan brusco con el volante que tuvo que
quitarse del camino una granja entera para esquivar el autobús.
-¿Te has vuelto loco? -gritó Stan-. ¿Por qué has mencionado su nombre?
-Lo siento -dijo Harry con prontitud-. Lo siento, se... se me olvidó.
-¡Que se te olvidó! -exclamó Stan con voz exánime-. ¡Caramba, el corazón me late a cien
por hora!
-Entonces... entonces, ¿Black era seguidor de Quien Tú Sabes? -soltó Harry como
disculpa.
-Sí -confirmó Stan, frotándose todavía el pecho-. Sí, exactamente. Muy próximo a Quien
Tú Sabes, según dicen... De cualquier manera, cuando el pequeño Harry Potter acabó con
Quien Tú Sabes (Harry volvió a aplastarse el pelo contra la cicatriz), todos los seguidores de
Quien Tú Sabes fueron descubiertos, ¿verdad, Ernie? Casi todos sabían que la historia había
terminado una vez vencido Quien Tú Sabes, y se volvieron muy prudentes. Pero no Sirius
Black. Según he oído, pensaba ser el lugarteniente de Quien Tú Sabes cuando llegara al
poder. El caso es que arrinconaron a Black en una calle llena de muggles, Black sacó la varita
y de esa manera hizo saltar por los aires la mitad de la calle. Pilló a un mago y a doce muggles
que pasaban por allí. Horrible, ¿no? ¿Y sabes lo que hizo Black entonces? -prosiguió Stan con
un susurro teatral.
-¿Qué? -preguntó Harry
-Reírse -explicó Stan-. Se quedó allí riéndose. Y cuando llegaron los refuerzos del
Ministerio de Magia, dejó que se lo llevaran como si tal cosa, sin parar de reír a mandíbula
batiente. Porque está loco, ¿verdad, Ernie? ¿Verdad que está loco?
-Si no lo estaba cuando lo llevaron a Azkaban, lo estará ahora -dijo Ernie con voz
pausada-. Yo me maldeciría a mí mismo si tuviera que pisar ese lugar, pero después de lo que
hizo le estuvo bien empleado.
-Les dio mucho trabajo encubrirlo todo, ¿verdad, Ernie? -dijo Stan-. Toda la calle
destruida y todos aquellos muggles muertos. ¿Cuál fue la versión oficial, Ernie?
-Una explosión de gas -gruñó Ernie.
-Y ahora está libre -dijo Stan volviendo a examinar la cara demacrada de Black, en la
fotografía del periódico-. Es la primera vez que alguien se fuga de Azkaban, ¿verdad, Ernie?
No entiendo cómo lo ha hecho. Da miedo, ¿no? No creo que los guardias de Azkaban se lo
pusieran fácil, ¿verdad, Ernie?
Ernie se estremeció de repente.
-Sé buen chico y cambia de conversación. Los guardias de Azkaban me ponen los pelos
de punta.
Stan retiró el periódico a regañadientes, y Harry se reclinó contra la ventana del autobús
noctámbulo, sintiéndose peor que nunca. No podía dejar de imaginarse lo que Stan contaría a
los pasajeros noches más tarde: «¿Has oído lo de ese Harry Potter? Hinchó a su tía como si
fuera un globo. Lo tuvimos aquí, en el autobús noctámbulo, ¿verdad, Ernie? Trataba de
huir...»
Harry había infringido las leyes mágicas, exactamente igual que Sirius Black. ¿Inflar a
tía Marge sería considerado lo bastante grave para ir a Azkaban? Harry no sabía nada acerca
de la prisión de los magos, aunque todos a cuantos había oído hablar sobre ella empleaban el
mismo tono aterrador. Hagrid, el guardabosques de Hogwarts, había pasado allí dos meses el
curso anterior. Tardaría en olvidar la expresión de terror que puso cuando le dijeron adónde lo
llevaban, y Hagrid era una de las personas más valientes que conocía.
El autobús noctámbulo circulaba en la oscuridad echando a un lado los arbustos, las
balizas, las cabinas de teléfono, los árboles, mientras Harry permanecía acostado en el
colchón de plumas, deprimido. Después de un rato, Stan recordó que Harry había pagado una
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