J. K. Rowling 185
quieroleer Harry Potter y el prisionero de Azkaban

Harry miró impaciente dentro del sobre. Había otro pergamino. Lo leyó rápidamente, y
se sintió tan contento y reconfortado como si se hubiera tomado de un trago una botella de
cerveza de mantequilla.

Yo, Sirius Black, padrino de Harry Potter, autorizo por la presente a mi ahijado a
visitar Hogsmeade los fines de semana.

-Esto le bastará a Dumbledore -dijo Harry contento. Volvió a mirar la carta de Sirius-.
¡Un momento! ¡Hay una posdata...!

He pensado que a tu amigo Ron tal vez le guste esta lechuza, ya que por mi culpa se
ha quedado sin rata.

Ron abrió los ojos de par en par. La pequeña lechuza seguía gimiendo de emoción.
-¿Quedármela? -preguntó dubitativo. La miró muy de cerca durante un momento, y
luego, para sorpresa de Harry y Hermione, se la acercó a Crookshanks para que la olfatease.
-¿Qué te parece? -preguntó Ron al gato-. ¿Es una lechuza de verdad?
Crookshanks ronroneó.
-Es suficiente -dijo Ron contento-. Me la quedo.
Harry leyó y releyó la carta de Sirius durante todo el trayecto hasta la estación de King's
Cross. Todavía la apretaba en la mano cuando él, Ron y Hermione atravesaron la barrera del
andén nueve y tres cuartos. Harry localizó enseguida a tío Vernon. Estaba de pie, a buena
distancia de los padres de Ron, mirándolo con recelo. Y cuando la señora Weasley abrazó a
Harry, confirmó sus peores suposiciones sobre ellos.
-¡Te llamaré por los Mundiales! -gritó Ron a Harry, al despedirse de ellos. Luego volvió
hacia tío Vernon el carrito en que llevaba el baúl y la jaula de Hedwig. Su tío lo saludó de la
manera habitual.
-¿Qué es eso? -gruñó, mirando el sobre que Harry apretaba en la mano-. Si es otro
impreso para que lo firme, ya tienes otra...
-No lo es -dijo Harry con alegría-. Es una carta de mi padrino.
-¿Padrino? -farfulló tío Vernon-. Tú no tienes padrino.
-Sí lo tengo -dijo Harry de inmediato-. Era el mejor amigo de mis padres. Está
condenado por asesinato, pero se ha escapado de la prisión de los brujos y ahora se halla es-
condido. Sin embargo, le gusta mantener el contacto conmigo... Estar al corriente de mis
cosas... Comprobar que soy feliz...
Y sonriendo ampliamente al ver la expresión de terror que se había dibujado en el rostro
de tío Vernon, Harry se dirigió a la salida de la estación, con Hedwig dando picotazos delante
de él, para pasar un verano que probablemente sería mucho mejor que el anterior.




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